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Opinión
domingo 12 de febrero de 2017, 01:00

El exilio del ka’a he’ê

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

Lo mejor de la historia paraguaya es la que le cuentan a uno personas que han presenciado los hechos. Sin embargo, esas personas mueren sin haberlo escrito ni haberlo contado fuera del círculo de sus parientes y amigos; así se pierde la historia real y la historia oficial no concuerda con la realidad.

Creo que forma parte de lo anterior algo que me han contado: en la década de mil novecientos setenta, llegaron al país empresarios japoneses dispuestos a explotar, a nivel mundial, nuestro recurso natural, la Stevia rebaudiana o ka'a he'ê. Esa planta paraguaya y el capital japonés podían montar una gran industria, para endulzar comidas en todo el mundo. La idea era buena, pero no tomaba en cuenta ese yuyo local llamado coima: tanta coima les pidieron, que los nipones huyeron del país. No puedo garantizar la veracidad de la anécdota aunque, como el ka'a he'ê, parece adaptada a nuestro clima.

Se la hubiera conocido más a nuestra planta si no se hubiera hecho correr a los empresarios japoneses. Para mil novecientos ochenta y tantos, pese a todo, ganaba popularidad en los Estados Unidos, como un edulcorante natural mucho más dulce que el azúcar, y sin los efectos negativos del azúcar: los diabéticos pueden usarlo sin problema. Esa popularidad molestó a empresas norteñas, y una de ellas se quejó por escrito a la FDA. La FDA (Food and Drug Administration) es la agencia norteamericana encargada de controlar la calidad de la comida y los remedios. Atendiendo a la queja, la agencia prohibió la stevia en 1991, con el cuento de que producía cáncer.

¿Cuál fue la empresa quejosa? No se lo puede probar, porque la FDA no dio el nombre y, cuando se le obligó a mostrar el escrito, borró el nombre de la empresa que se lo había entregado. Se supone que fue la fabricante de NutraSweet, el edulcorante que contiene aspartamo, cancerígeno según varios estudios que la FDA ignoró para autorizar su venta; sobre el tema, véase el libro de Marie-Monique Robin, El mundo según Monsanto. De todos modos, los ejecutivos de la fabricante de NutraSweet, después de haberse salido con la suya, se pasaron en masa a la FDA, entidad bastante desprestigiada por esa y otras irregularidades.

Según Jon Kyl, diputado por Arizona, la prohibición del ka'a fue un premio para una empresa y un castigo para el consumidor. Diputado y todo, el suyo fue un plagueo rei de balde: la FDA emprendió una cruzada contra la pobre planta, confiscando y destruyéndola donde la encontraba; encima decidió destruir libros sobre el tema, como uno llamado Cocinar con stevia, pero las protestas impidieron la quema de los libros. En el 2008, la FDA cambió de postura: se permiten los extractos fabricados por empresas yanquis, pero la planta natural sigue prohibida. Fue el parecer adoptado por la EFSA, la agencia de la Unión Europea equivalente a la FDA.

Según me han dicho exportadores, la proscripción se ha levantado en Estados Unidos y en ciertos países de la Unión Europea. De todos modos, esos países son proteccionistas, por mucho que hablen de la libertad de comercio, que invocan cuando se trata de obtener ventajas para ellos mismos.

El Gobierno paraguayo se comporta como si no lo fueran, y está dispuesto a firmar cualquier tratado liberalizador, como el de TISA, un auténtico peligro.