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Opinión
domingo 7 de agosto de 2016, 01:00

El espíritu olímpico y el desarrollo del país

Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

El viernes de la semana pasada, más de novecientos millones de personas en todo el mundo vieron la transmisión televisiva de la inauguración de los Juegos Olímpicos Río 2016.

Por encima del maravilloso espectáculo de luces, música y bailes, lo que más ha impresionado de dicho evento fue cómo toda la ceremonia ha sido pensada para comunicar artísticamente el espíritu olímpico.

Un espíritu basado en tres valores: primero, el de competir limpiamente cumpliendo el reglamento y sin el uso de drogas; segundo, el de cooperar por el honor de los equipos y la gloria del deporte; y, tercero, el de la inclusión porque de la gran fiesta olímpica participan atletas de todos los países del mundo, incluso, aquellos que representan a las personas refugiadas.

El espíritu olímpico se puede resumir en tres palabras: competir, cooperar e incluir.

A medida que escuchaba esas palabras y observaba las diferentes representaciones artísticas, no podía dejar de relacionar ese espíritu olímpico con el desarrollo de nuestro país.

El Paraguay, al igual que todos los países del mundo que se encuentran en situación de subdesarrollo, debe enfrentarse y derrotar a los grandes enemigos de una vida digna, como son el hambre, la enfermedad, la ignorancia y la pobreza en general.

El problema es que todas las naciones quieren alcanzar los mismos objetivos y por lo tanto compiten por atraer inversiones a sus respectivos países, por generar fuentes de trabajo para su gente y por llegar con sus productos a los diferentes mercados del mundo.

Hoy la competencia entre países –incluso entre ciudades de un mismo país– es feroz y solamente es posible triunfar en ella si en lo interno existe una gran cooperación entre el sector público y el sector privado y en lo externo, entre los países que se encuentran en la misma región.

Atraer importantes inversiones o abrir grandes mercados solamente es posible si el sector público y el sector privado van de la mano.

En el caso de países pequeños, incluso, es necesario que varios países de una misma región vayan de la mano, por medio de Asociaciones de Libre Comercio o de Mercados Comunes.

Por todo lo expresado, si queremos el desarrollo del Paraguay, todo el esfuerzo de atraer inversiones o de abrir mercados internacionales no puede hacerlo solo el sector público, sino que debe hacerlo de la mano con el sector privado.

Pero al mismo tiempo todo este esfuerzo va a ser insuficiente si no nos presentamos ante el mundo como una región importante en tamaño y con un mercado ampliado, para lo cual es fundamental darle su certificado de defunción al fracasado Mercosur y comenzar a engendrar un nuevo acuerdo sobre la base de una zona de libre comercio.

Si los países del Cono Sur encontramos el justo equilibrio entre competir y cooperar podremos avanzar hacia el desarrollo. En caso contrario, nuestro futuro como naciones será cada vez más incierto.

Pero, además, ese desarrollo no será sostenible si no logramos incluir a los sectores que hoy se encuentran marginados y excluidos. Recordemos siempre la sabia frase del ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti: "El excluido será siempre el enemigo".

Eso lo están viviendo –a nivel internacional– los países desarrollados con la incontenible ola migratoria y de atentados terroristas; y lo están viviendo –a nivel nacional– las personas de mayores ingresos, con el incremento de los robos y los secuestros.

Por eso, así como es necesario que los atletas se encuentren impregnados del espíritu olímpico para poder triunfar en las olimpiadas, los paraguayos debemos estar impregnados de ese mismo espíritu de –competir, cooperar e incluir–, si aspiramos al desarrollo sostenible de nuestro país.