3 de diciembre
Sábado
Nublado con chubascos
21°
28°
Domingo
Mayormente despejado
19°
30°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Mundo
domingo 31 de julio de 2016, 03:33

El Ejército filipino retoma sus operaciones tras el fracaso del alto el fuego

Manila, 31 jul (EFE).- El Ejército de Filipinas reinició hoy todas sus operaciones contra el Nuevo Ejército del Pueblo, el brazo armado del partido comunista, después de fracasar la propuesta unilateral de alto el fuego del Gobierno del presidente Duterte.

El mandatario confirmó anoche en un comunicado el fin de la tregua gubernamental que ha durado seis días, en el conflicto armado más antiguo de la región.

Duterte anunció el lunes la medida unilateral durante el discurso sobre el Estado de la Nación y dio de plazo hasta la tarde del sábado al Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP), que representa a la guerrilla comunista, para dar una respuesta.

Mientras los rebeldes reclamaban "más tiempo" para estudiar la oferta, un grupo de guerrilleros comunistas atacó un convoy militar en la sureña isla de Mindanao causando la muerte de un soldado e hiriendo a otros cuatro.

"Si no tengo vuestra respuesta (en la tarde del sábado), levantaré la orden del alto el fuego", apremió el viernes Duterte, que juró el cargo el pasado 30 de mayo con la promesa de trabajar para lograr la paz en todo el país.

Una vez cumplido el plazo ofertado, el presidente pidió en un comunicado a las autoridades "continuar con el desempeño de sus funciones y neutralizar todas las amenazas a la seguridad nacional, proteger a la ciudadanía, hacer cumplir las leyes y mantener la paz en el país".

El NDFP ha "perdido un oportunidad de oro" para demostrar su compromiso con la paz, señaló el jefe del Estado.

La retirada del alto el fuego unilateral supone el último revés para terminar con un conflicto que dura 48 años entre las fuerzas del Estado y los rebeldes y ha causado cerca de 30.000 muertos.

Desde la llegada de Duterte al poder, Gobierno y rebeldes comunistas han acercado posturas encaminadas a retomar las negociaciones de paz, rotas por el anterior Ejecutivo en 2013.

Representantes de ambos bandos se reunieron en junio en Oslo para iniciar una ronda de contactos exploratorios y acordaron volver a hacerlo en la capital de Noruega del 20 al 27 de agosto.

Durante estas conversaciones, está previsto tratar la declaración de un alto el fuego multilateral, la amnistía para los presos comunistas, la confirmación de acuerdos previos y formas de acelerar el proceso de paz.

No se sabe, no obstante, como afectarán los últimos sucesos en las reuniones.

Duterte, quien se califica a sí mismo de izquierdas, invitó a regresar al país al fundador del partido comunista, Jose María "Joma" Sison, quien reside desde 1987 en el autoexilio en Holanda, a donde se trasladó tras la caída de la dictadura de Ferdinand Marcos y ser puesto en libertad por la expresidenta Corazón Aquino.

Sison, exprofesor del actual mandatario cuando este estudiaba en la universidad, cargó ayer contra la "falta de prudencia" de su discípulo.

"La volatilidad, la falta de prudencia en un asunto tan sensible y delicado como las negociaciones de paz entre dos combatientes armados complica llegar a un acuerdo con gente que hace valoraciones rápidas", declaró Sison al canal local de televisión ABS-CNB.

El Gobierno del presidente Benigno Aquino (2010-16) también inició un acercamiento con los rebeldes, pero el diálogo con los comunista se cortó en abril de 2013, cuando las autoridades se negaron a excarcelar a algunos rebeldes que los insurgentes había elegido para participar en las conversaciones de paz.

El Partido Comunista de Filipinas fue creado en 1968 como una organización política clandestina con el objetivo principal de derrocar el régimen de Marcos.

El Nuevo Ejército del Pueblo nació ese mismo año como su brazo armado y cuenta en la actualidad con unos 6.000 combatientes, aunque llegó a disponer de unos 26.000 efectivos durante la década de los años 80.

A pesar del progresivo debilitamiento de los guerrilleros, los comunistas siguen manteniendo una importante influencia en profundas zonas rurales del archipiélago filipino y se financian a través de la extorsión a empresarios locales.