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viernes 26 de mayo de 2017, 01:00

El don de entendimiento

Hoy meditamos el evangelio según San Juan 16, 20-23

Para llegar a este conocimiento no bastan las luces ordinarias de la fe; es necesaria una especial efusión del Espíritu Santo, que recibimos en la medida de la correspondencia a la gracia, de la purificación del corazón y de los deseos de santidad. El don de entendimiento permite que el alma, con facilidad, participe de esa mirada de Dios que todo lo penetra, empuja a reverenciar la grandeza de Dios, a rendirle afecto filial, a juzgar adecuadamente de las cosas creadas.

“Poco a poco, a medida que el amor va creciendo en el alma, la inteligencia del hombre resplandece más y más con la propia claridad de Dios”, y nos da una gran familiaridad con los misterios escondidos de Dios.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “Nosotros debemos decirnos la verdad: no toda la vida cristiana es una fiesta. ¡No toda! Se llora, tantas veces se llora. Cuando estás enfermo; cuando tienes un problema en tu familia con un hijo, con una hija, la esposa, el marido; cuando ves que el sueldo no alcanza hasta fin de mes y tienes un hijo enfermo; cuando ves que no puedes pagar la cuota del crédito inmobiliario de la casa y se deben ir...

Tantos problemas, tantos que nosotros tenemos. Pero Jesús nos dice: “¡No tengas miedo! Sí, estarán tristes, llorarán y también la gente se alegrará, la gente que está contra ti”.

También hay otra tristeza, la tristeza que nos llega a todos nosotros cuando vamos por un camino que no es bueno. Cuando, por decirlo sencillamente, vamos a comprar la alegría, la alegría, esa del mundo, esa del pecado, al final hay un vacío dentro de nosotros, hay tristeza.

Y esta es la tristeza de la mala alegría. La alegría cristiana, en cambio, es alegría en esperanza, que llega.

Para comprender la tristeza que se transforma en alegría Jesús toma el ejemplo de la mujer que da a luz: Es verdad, en el parto la mujer sufre tanto, pero después, cuando el niño está con ella, se olvida. Lo que queda, por tanto, es la alegría de Jesús, una alegría purificada…”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal).