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Opinión
domingo 12 de febrero de 2017, 01:00

El día que Asunción tuvo su propio volcán

Iván Lisboa – ilisboa@uhora.com.py

Parece un chiste, pero no lo es.

Apenas se desató la lluvia el viernes pasado, la ciudad capital se vio triste y nuevamente colapsada.

Lo que más llamó la atención en esta ocasión quizá fue la explosión de agua servida que se pudo ver en el cruce de Primer Presidente y Sacramento, frente al Jardín Botánico. Por primera vez, los ciudadanos pudieron deleitarse con un volcán –de cloaca– made in Asunción, pero volcán al fin.

Las autoridades respondieron que el problema del volcán se dio por la falta histórica de inversión del Estado en sistemas sanitarios y la inconsciencia de los ciudadanos.

Y es este segundo punto clave.

Los cambios empiezan por casa, pero al parecer poco y nada tienen en cuenta esto la mayoría de los contribuyentes capitalinos. El 70% de los asuncenos cuentan con alcantarillado, según el último informe de la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay (Essap). Pero por ahorrar costos y en una vieja práctica hasta criminal, la gran mayoría opta por conectar su desagüe pluvial (para drenar agua) al desagüe cloacal (para drenar cloaca), lo que hace colapsar ambos sistemas apenas se desata una lluvia.

Como resultado, se puede ver que en cada mediana precipitación se producen verdaderos raudales de cloaca, pero los primeros en quejarse son los mismos que desde hace años tienen impunemente conectados entre sí ambos sistemas de desagüe en su casa.

En un recorrido por las principales avenidas, se puede ver que incluso grandes corporaciones no cumplen con este requisito, pero la Municipalidad tampoco fue y es muy rigurosa a la hora de exigir el cumplimiento de sus normativas.

Otro de los problemas al que nos enfrentamos en cada lluvia es el colapso de los sumideros. Estos sistemas que absorben el agua de la vía pública se ven colapsados por restos de basura. Una vez más, no son el intendente ni el presidente quienes colapsan estos sistemas de drenaje, somos nosotros. Como el agua no tiene dónde descansar, termina inundando los hogares de miles de asuncenos y hasta de ciudadanos del área metropolitana que residen en la frontera con la ciudad capital.

La autocrítica es un juicio que el asunceno ha perdido contra el orgullo. Pero mientras sigamos ignorando las normativas y sigamos haciendo oídos sordos al llamado que nos hace el verdadero problema, seguiremos soportando más raudales, inundaciones y volcanes de cloaca en Asunción.