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Cultura
lunes 28 de febrero de 2011, 19:56

El Día de los Héroes

Reflexiones en torno al Día de los Héroes que se conmemora el 1 de Marzo.

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Hérib Caballero Campos | Historiador

Una de las ideas en el pensamiento occidental más arraigado en cuanto a la heroicidad sostiene Philippe Contamine en la Lieux de la Memoire (Los sitios de la Memoria), ha sido el de morir por la patria. Al respecto sostiene el autor que desde la Pugna Pro patria de Catón, o la célebre frase en las Odas de Horacio "dulce et decorum est pro patria mori" el imperativo de la defensa del país jamás estuvo ausente en los discursos de las clases dirigentes.

En este sentido cabe señalar que el establecimiento de esta fecha se debe a la reivindicación nacionalista que se instaló en el Paraguay a partir de la revolución febrerista de 1936.

A pesar de que hoy en día algunos llaman la atención sobre la conmemoración del Día de los Héroes el 1 de marzo, siendo que ese día terminaba la cruenta Guerra Contra la Triple Alianza (1864-1870), con funestos resultados para la patria. Pero la instalación del 1 de marzo como día de los Héroes se explica en esa misma tradición occidental de morir por la patria, Jesús Casquete, de la Universidad del País Vasco, sostiene que " la muerte del héroe nacional constituye una pieza fundamental en el desarrollo de la idea de la nación. Bien sea en el curso de una guerra civil, de una guerra interestatal o de una revolución, podemos contemplar al héroe caído en combate como la versión secularizada del mártir caído por Dios".

En este sentido, Cerro Corá se convirtió en un Altar de la Patria, en donde sus hijos más devotos y fieles prefirieron el martirio por defender el suelo donde habían nacido.

Es por ese motivo que la conmemoración del 1 de marzo como Día de los Héroes, no es un mero capricho de los gobernantes o de una elite o de algunos historiadores, sino que se entiende y se comprende en el contexto de la tradición occidental.

¿Quién es héroe?

Ese es un debate que se establece en la historia, en ocasiones nos preguntamos por qué hay más militares o guerreros en las historia de los países como referentes de heroicidad. La respuesta a esta interrogante es "por lo general que la contribución más admirada del héroe consiste en que arriesga su vida a favor de la causa, llámese Dios, señor, república, imperio, nación, estado, clase o patria". El hecho que el héroe no tenga miedo de la muerte es uno de los aspectos prototípicos de su condición. De hecho en parte la heroicidad está muy fuertemente vinculada con la muerte, en este sentido el historiado francés Pierre Vilar sostiene que «en cierto sentido, es satisfactorio para nuestra sensibilidad que "morir por la patria" sea glorioso y "matar por la patria" generalmente inconfesable. Pero lo uno implica lo otro, peligrosamente».

Por lo tanto a pesar de que en los últimos años se busca destacar y rescatar a los héroes civiles -que existen por cierto- no será posible por esta larga y centenaria tradición equipararlos a los héroes que ofrendaron su vida por la patria. Si comprendemos esa realidad, podremos reivindicar con justo equilibrio a todos aquellos civiles que también ofrecieron su tiempo, su dedicación y empeño profesional por la patria, sin necesidad de ofrendar sus vidas por ella, y de esa forma ir completando el Panteón Patrio con esos referentes que son sumamente necesarios para mantener la identidad colectiva de una nación.

Lo peligroso para esta identidad colectiva es cuando -sostiene el historiador francés Pierre Nora- la historia es dictada por los legisladores, y si cada hecho o personaje histórico se vuelve intocable y por lo tanto es la muerte de la investigación histórica.

El Caso de Francisco Solano López

Si bien el Mariscal Francisco Solano López fue declarado monstruo de la naturaleza y condenado a estar fuera de la historia por el Triunvirato establecido como gobierno provisorio por el ejército aliado, el hecho de lo ocurrido por la guerra no podía ser negado. En este sentido, los gobiernos de ese periodo buscaron un nuevo héroe que haya brindado su vida por la patria, y es así que surgieron las figuras de Fulgencio Yegros y del general José Eduvigis Díaz.

Con el transcurrir de los años y a consecuencia de la célebre polémica entre Cecilio Báez y Juan E. O'Leary a comienzos del siglo XX se instaló tanto en la intelectualidad como en la sociedad paraguaya el debate entre lopistas y antilopistas.

La campaña emprendida por O'Leary prendió de tal modo que en el cincuentenario de la Batalla de Cerro Corá, el 1 de marzo de 1920, se convocó a una multitudinaria concentración en la que hizo galas de orador el entonces joven Natalicio González -uno de los principales ideólogos del nacionalismo paraguayo- quien solicitó a la multitud vaya a la casa del Presidente para que él mismo derogue el decreto contra la memoria de Francisco Solano López. La respuesta del presidente José P. Montero fue que dicho decreto nunca estuvo en vigencia y por lo tanto no había nada que derogar.

Tras ese acto, la figura del mariscal Francisco Solano López fue honrada por la Cámara de Diputados en 1926. Tras tras la finalización de la Guerra del Chaco (1932-1936) el gobierno del coronel Rafael Franco (1936-1937) lo declaró junto a José Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López como beneméritos de la Patria.

La reivindicación de su figura y su entronización como héroe se materizalizaron el 12 de octubre de 1936 cuando se inauguró oficialmente el Panteón Nacional de los Héroes, y sus restos fueron traídos desde Cerro Corá.

En cuanto a la decisión de convertir el entonces inconcluso Oratorio de la Virgen de la Asunción en un Panteón Nacional de los Héroes está directamente relacionado con el establecimiento de un culto cívico y patriótico que fue reforzado por el sistema de enseñanza.

Cabe señalar que ese culto cívico ha convertido al Panteón Nacional de los Héroes en el lugar simbólico de celebración, ya sea deportiva, política o de otra índole.

Como sostiene Antoine Prost, la erección de monumentos a los muertos ilustres no es neutral, por lo tanto el hecho que exista implica un mensaje histórico que tiene por fin retener parte del pasado para justificar nuestro futuro como sociedad.

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