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Especiales
domingo 31 de julio de 2016, 12:08

El cuidador que convive con los espíritus del Ycuá Bolaños

Miguel Samudio perdió a tres hijos en el incendio del Ycuá Bolaños y decidió convertirse en cuidador voluntario del Memorial, en el local siniestrado. Asegura haber visto a varios espíritus: una chica joven vestida de blanco, un niño que atraviesa paredes y canta, jóvenes que pasan corriendo. "No les temo a los espíritus; al contrario, ellos me dan paz, porque son como ángeles", explica.
Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Cámara y Edición: Ylda R. Miskinich

Producción: Stefanie Céspedes


Aunque haya un intenso sol o caiga una fuerte tormenta, desde hace 12 años Miguel Samudio acude todas las mañana a abrir el Memorial de los Mártires, habilitado en un sector del incendiado supermercado Ycuá Bolaños.

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"Aquí siempre hay gente que viene de visita y necesita que alguien les atienda, hay compañeros de la Coordinadora de Víctimas que vienen a reunirse o simplemente a encender una vela y a rezar una plegaria a sus familiares que fallecieron en el incendio", explica don Miguel, quien hace de cuidador del local y brinda informaciones a los visitantes que lo precisan.

Hay días en que no aparece nadie, pero él no se siente solo: "Aquí siempre están ellos y ellas, y me acompañan, o yo los acompaño", explica.

Ellos y ellas

Los 400 hombres, mujeres, niños y niñas que perdieron la vida en el terrible incendio que se desató el 1 de agosto de 2004 en el supermercado Ycuá Bolaños, considerado la mayor tragedia en la historia del Paraguay, aparte de las dos grandes guerras.

Entre las víctimas del siniestro figuran tres hijos de Miguel Samudio: Elizabeth, Gerónimo y Roberto.

Cuando admite que se siente acompañado por los que murieron en el lugar, Don Miguel no lo dice solo en un sentido figurado. Él realmente cree en los espíritus que habitan en el lugar y asegura que los ha visto en varias ocasiones.

"Una chica vestida de blanco..."

La presencia más constante es la de una mujer joven, ataviada con un vestido blanco radiante, luminoso, asegura el cuidador del Memorial.

"La he visto varias veces. Es una chica vestida de blanco, que se acerca y se queda parada, me mira fíjamente a la distancia. Ella tiene como una expresión triste y bondadosa. No me dice nada, solamente me mira, luego se da vuelta en la esquina y desaparece", relata, mostrando el lugar donde la figura estuvo parada.

En otro momento, asegura haber visto a un niño que llega caminando, cantando una canción muy melancólica, atravesando los barrotes de hierro como si fuera pura energía.

"El mitã'i también se queda mirándome, tampoco dice nada, solo canta, luego sube la escalera y desaparece...", dice, con mucha convicción.

Asegura que también ha podido ver a algunos jóvenes que pasaban corriendo por la parte de afuera y luego se desvanecían en la nada.

"Todos aparecen en pleno día. Sé que son espíritus. Hay gente que no me cree y otros que sí lo hacen. Yo no les tengo miedo porque son mis seres queridos. Yo ya les he entregado mi alma y mi corazón para que ellos me protejan, para que me den salud. Sé que buscan paz y trato de ayudarles a cuidar este lugar, para que la encuentren", explica.

Hace 12 años, aquel domingo 1 de agosto de 2004, don Miguel sintió que su vida cambió por completo cuando sus hijos vinieron a realizar compras y nunca más volvieron. Desde entonces, él se impuso la misión de cuidar el Memorial como voluntario, sin percibir ninguna remuneración, y espera hacerlo hasta el final de sus días.

"Yo no siento que se nos haya hecho justicia para la víctimas del Ycuá Bolaños, pero al menos que haya paz. Ojalá pueda ayudar a que mis ángeles queridos descansen en paz", dice.