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Mundo
lunes 4 de julio de 2016, 12:57

El conflicto de Darfur a través del lente de una fotógrafa de EE.UU.

Washington, 4 jul (EFE).- El conflicto de Darfur, las miles de personas escondidas en cuevas y las tierras abrasadas por las bombas han encontrado refugio en la lente de la fotógrafa estadounidense Adriane Ohanesian, una de las pocas que ha captado la realidad de aquellos que viven en las zonas rebeldes de esta región de Sudán.

"Nadie sabía lo que estaba pasando en las áreas que no estaban controladas por el Gobierno, nadie sabía lo que estaba ocurriendo fuera de lo que el Ejecutivo te mostraba o te decía y esa creo que fue la mayor motivación para ir", contó a Efe Adriane Ohanesian, que el pasado mes de mayo recibió un premio en Washington.

Nacida en Nueva York, Ohanesian viajó a Sudán en 2010 para cubrir el referéndum celebrado un año después y que permitió que Sudán del Sur se independizara del norte tras 24 años de conflicto fratricida.

Decidió quedarse en África y viajar a Darfur, que vive en guerra desde comienzos de 2003, cuando unos grupos insurgentes se alzaron en armas contra el Gobierno sudanés en protesta por la pobreza y la marginación de los habitantes de esta región.

"La gente vive extremadamente aislada y eso explica mucho del conflicto. La gente no tiene ningún recurso, el Gobierno nunca ha desarrollado el área y la gente vive cómo hace cientos de años, sin electricidad, sin carreteras, sin educación, sin medicinas y usando a los animales para transportar el agua", narra Ohanesian.

Entre todas las fotos, reconoce que hay una imagen que es su preferida porque es la que mejor resume el conflicto en Darfur.

Es una foto oscura y caótica en la que, entre el polvo levantado por la arena, se ve a cientos de mujeres y niños que se esconden en la cueva de una montaña para evitar las bombas que las tropas gubernamentales lanzaron el 2 de marzo de 2015 en la localidad de Sarong, en el centro de Darfur.

"La foto lo explica todo: la gente no vive en cuevas. No debería haber personas viviendo como el hombre de la caverna", se indigna Ohanesian, que retrató a mujeres exhaustas que sostienen con fuerza a sus hijos, muy pequeños, y que sonríen entre sí como queriendo vencer a la incertidumbre.

Entre las imágenes de Ohanesian también destaca una foto que ganó uno de los premios del World Press Photo.

Es la imagen de Adam Abdel, un niño de siete años que sufrió graves quemaduras cuando una bomba lanzada por las tropas gubernamentales cayó en febrero de 2015 cerca de la casa de su familia, en Burgu, en el centro de Darfur.

"Estaba sentado en la entrada de su casa. Estaba muy callado, asustado probablemente de gente blanca que no había visto antes y que venía a su casa", comenta la fotógrafa.

El visado con el que Ohanesian viajó a Sudán le hacía muy difícil salir de la capital (Jartum) y le impedía desplazarse hacia el oeste y llegar a Darfur, así que decidió viajar escondiéndose, primero en coche y luego a pie entre las escarpadas montañas.

"Creo que hay cosas buenas de trabajar en estas situaciones tan horribles. Hay una razón muda de por qué estás allí. No hace falta explicar por qué estás allí", reflexiona Ohanesian, que acabó en Sudán porque durante un viaje a El Cairo hizo amistad con unos sudaneses que le invitaron a Jartum.

"Quiero volver -asegura-. Muy poca gente ha logrado acceso al área de Darfur, me tomó mucho tiempo ganarme la confianza de la gente que controla ese área y creo que, si puedo acceder, allí es donde debo estar porque no hay nadie más".

Durante sus seis años en África, Ohanesian ha trabajado de manera independiente, con contratos ocasionales con diferentes medios.

Radicada en Kenia, la reportera gráfica fue reconocida en mayo pasado en Washington por la International Women's Media Foundation (IWMF), que le otorgó un premio al coraje que lleva el nombre de la fotógrafa alemana Anja Niedringhaus, que cuando murió en 2014 trabajaba en Afganistán para la agencia Associated Press.

Considera que la crueldad del conflicto ha colocado a Darfur como el hogar del primer "genocidio" del siglo XXI.

No obstante, Estados Unidos es el único miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que ha calificado de "genocidio" el conflicto, que ha dejado 300.000 muertos y ha obligado a 2,7 millones de personas a abandonar sus comunidades de origen, según datos de la ONU.

Mucha de la violencia en Darfur ha sido atribuida a las milicias árabes de los "yanyauid" (traducido como "diablos a caballo"), que, según organizaciones humanitarias, han perpetrado asesinatos masivos contra la población negra de Darfur, a cuyas mujeres violan como represalia por su supuesto apoyo a los rebeldes.

La Corte Penal Internacional (CPI) de la Haya dictó en 2009 y 2010 dos órdenes internacionales de arresto contra el presidente de Sudán, Omar Hasan al Bashir, a quien acusa de delitos de genocidio, crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad supuestamente cometidos en la región de Darfur.

Envuelto en la impunidad, Al Bashir ha viajado en los últimos años a países de África y no ha sido detenido, pese a los llamamientos de la Corte, porque algunos Gobiernos africanos ven a la CPI como un instrumento colonial que persigue al continente.

Beatriz Pascual Macías