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Mundo
domingo 30 de abril de 2017, 03:07

El cajón peruano celebra 40 años de cambiar el flamenco junto a Paco de Lucía

Lima, 30 abr (EFE).- Al fallecido maestro de la guitarra Paco de Lucía nunca se le olvidó la húmeda noche de Lima en que sintió por primera vez el portentoso retumbar del cajón peruano, un instante que revolucionó el flamenco para siempre y del que Perú celebra esta semana su 40 aniversario en un festival dedicado a ese instrumento.

El décimo Festival Internacional del Cajón Peruano recreará ese mágico momento en un concierto donde intervendrá "La Maestro", la última guitarra de Paco de Lucía y la única diseñada por el compositor gaditano, en compañía de los ritmos afroperuanos de los mejores "cajoneadores" de la actualidad.

En la capital peruana siempre se rememora con orgullo esa velada de 1977 en la que De Lucía escuchó con asombro los golpes que el humilde percusionista Caitro Soto daba a esa caja en la que se sentaba, mientras la célebre cantante criolla Chabuca Granda interpretaba ese himno limeño de facto que es "La flor de la canela".

"Yo vi el cajón y me llamó muchísimo la atención. Luego cogí la guitarra y comencé a tocar con él, y vi claramente que esa era la percusión del flamenco, porque hasta entonces tocábamos con palmas, pero no tienen consistencia", relató De Lucía para el programa "Entre2aguas", emitido en 2011 por Televisión Española.

La velada, celebrada en la residencia del embajador de España en Lima, fue un encuentro a dos bandas entre los máximos exponentes del flamenco y la música criolla peruana.

Por un lado, Paco De Lucía y su sexteto, entre ellos Rubem Dantas, Jorge Pardo y Pepe De Lucía, de gira por Latinoamérica, y al otro Chabuca Granda y su "tribu", como denominaba a sus músicos, entre los que estaban Caitro Soto, el guitarrista Álvaro Lagos y el percusionista Eusebio Sirio "Pititi".

El fallecido Caitro fue quien en esa noche enseñó a Paco de Lucía a tocar el cajón, según declaró él mismo a Efe en 2001, durante un concierto en el que se reivindicaba el origen afroperuano del cajón, tras la entusiasta adopción que tuvo ese instrumento en el flamenco.

Al terminar la noche, De Lucía le preguntó a Soto cuánto dinero quería por el cajón y, tras una reticencia inicial por parte del "cajoneador", se lo terminó llevando por unos 70 dólares de la época.

De Lucía se lo dio a su percusionista, el brasileño Rubem Dantas, y dos días más tarde ya lo estaba haciendo resonar en el concierto que dieron en Santiago de Chile, según contó a Efe el guitarrista peruano Ernesto Hermoza, quien tendrá el honor de interpretar "la Maestro" durante la breve estancia de esa guitarra en Lima.

Al regresar a Madrid, Paco de Lucía relató que tocó acompañado del cajón "y a partir de ahí fue un reguero de pólvora, y en seis meses ya había un cajón en todas las casas flamencas de España".

"Me siento muy contento y muy orgulloso de eso. Aporté algo importante para la tradición del flamenco porque parece que es algo que ha existido toda la vida en el flamenco", valoró De Lucía.

Esa aportación quedó plasmada en "Entre dos aguas" (1981), el primer disco de flamenco grabado con el cajón peruano, que extendió el flamenco por el mundo, según destacó a Efe el creativo español Jorge Martínez, autor junto al músico Javier Limón del documental "La guitarra vuela", que narra la gira hecha por "La Maestro".

"Ese disco rompe con todos los esquemas del flamenco porque lo convierte en un lenguaje musical más global y lleva a Paco a lugares donde el flamenco no había llegado nunca", agregó.

Martínez apuntó que "Paco de Lucía, además de ser uno de los mayores genios en la historia de la guitarra, tenía una gran capacidad de innovar y abrir el flamenco al mundo".

Para Hermoza, los sonidos de ese histórico disco "son totalmente peruanos", y luego los músicos de Paco de Lucía ya fueron modificando el cajón peruano para introducirle resonadores y resortes que permitieran mayores repiques.

El guitarrista, emocionado por tener en sus manos a "La Maestro", aseguró que lleva meses estudiando cómo hará sonar sus seis cuerdas con landós y festejos para recrear esa noche de hace 40 años en la que el flamenco cambió para siempre.

Fernando Gimeno