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Opinión
jueves 23 de febrero de 2017, 02:00

El bucherío político

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

En 6 días se reiniciará el período ordinario del Congreso Nacional. Esta circunstancia pone mayor presión al tema de la enmienda constitucional para incorporar la figura de la reelección del presidente de la República que el cartismo y el luguismo promueven, y es rechazado por sectores de la oposición que tienen como visibles a Efraín Alegre, Desirée Masi y otros héroes apologetas y hacedores del golpe de junio de 2012 (al igual que Cartes y el llanismo que están hoy en la misma vereda que Lugo, el golpeado en aquel entonces).

En el país hay demasiados otros temas de urgente importancia, y hay quienes señalan que esto de los debates en torno a la enmienda y demás es un distractor. No obstante, de este asunto dependerá mucho lo que nos espera después 2018 cuando debemos elegir nuevo gobernante en el país.

Ninguno de los que cuestionan a Cartes y a Lugo es blanca paloma. Violaron la Constitución por sus ambiciones sectoriales. Cartes y Lugo, más Blas Llano que los acompaña, tampoco son blancas palomas. El primero y el tercero se cagan en todo lo que pueden, incluida la Carta Magna. Lugo, por su lado, demostró ser un melindroso político, traidor de principios y proyectos.

Si bien todos los lados argumentan a favor de su posición con las más atinadas, las más descabelladas y las más disparatadas razones, en el fondo sabemos que el fin que persiguen no modificará en nada el actual modelo socioeconómico ni la estructura del poder ni las desigualdades. Sabemos que habrá –o no habrá– maquillaje los primeros años de gobierno y luego habrá aprovechamiento del poder por parte de propios y extraños, así como mala gestión y poco interés real en la gente y sus problemas.

La reelección no es mala. Lo malo es no cumplir las disposiciones constitucionales, que son en parte las principales reglas de juego. Lo malo es maniobrar para medrar con todo eso.

Así como están las cosas, ninguno de los bandos tiene condición para acusar al otro, con autoridad cierta. Masi, Alegre, Llano, Cartes y demás deudos son violadores consuetudinarios de leyes en el país. En nombre de la política –la mala política– tuercen todo lo que existe. En especial su coherencia y principios (si los tuvieran). Lugo hoy está aliado –aunque no lo asuma ni dé la cara– a uno de los bandos.

Si tuviéramos verdaderos estadistas y gobernantes comprometidos con el país –hablo de los 3 Poderes– el tema ya estaría finiquitado y definido. Como no hay, seguiremos asistiendo a un modo mendaz de aumentar la gangrena política a la República y la destrucción de sus instituciones y su gente.