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viernes 6 de octubre de 2017, 01:00

El brazo violento del Estado

El poder de gobierno en un Estado, actualmente, necesita acumulación de fuerzas para alcanzarlo, conservarlo y hacerlo crecer. Suponiendo, por supuesto, que todo esto es para bien de la Patria, lo cual generalmente es mucho suponer. Así este poder y fuerza, bastante descontrolados, producen violencia.

En una democracia, también, todo esto debiera de ser atemperado por el poder del pueblo. Pero añado otro “pero”. En teoría vivimos en democracia, pero en ocasiones (conservando el nombre) la democracia no existe.

El brazo violento de esta seudodemocracia hay momentos en que ha empleado la fuerza física de torturas, muerte y desaparición o el más barato del exilio.

En la actualidad y en este gobierno en Paraguay, la violencia del poder político actúa empleando la fuerza legal del Poder Judicial.

La imputación en manos de cualquier fiscal inicia un proceso para sepultar a los drogadictos en Tacumbú, luego el juicio nunca llega. Al final los echan fuera, sin ninguna compensación por el mal irremediable hecho a una vida joven.

La imputación por ser preso en una manifestación de pura protesta, expresión pública permitida por la Constitución, si no lleva también a Tacumbú con la carátula de “actuar contra el orden público”, tiene consigo una serie de medidas coercitivas como la de no asistir a ninguna manifestación, no frecuentar algunos lugares o la de estar en casa antes de las 9.00. Así los convierten en zombis sin saber cómo se desimputa uno.

Y caer en un juicio como el de la masacre de Curuguaty en Marina Kue es ser condenadas personas totalmente inocentes a muchos años sin que valgan para nada las apelaciones o la casación ante la Corte Suprema de Justicia.

Así, el miedo se va instaurando cada vez más en el pueblo.

Escribo esto con esperanza porque la libertad que llevamos dentro nos fuerza a actuar hasta que esto desaparezca.