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sábado 17 de septiembre de 2016, 10:20

El arte del "fileteado" porteño, homenajeado por sus maestros en Argentina

Buenos Aires, 17 sep (EFE).- Unos 130 maestros del "fileteado" porteño celebran hasta octubre su encuentro anual en Buenos Aires, con talleres y charlas con las que buscan poner en valor una técnica decorativa de origen popular que combina el dibujo con la pintura y que se convirtió en emblema de la identidad cultural argentina.

El filete "es un arte que tiene que ver con lo celebratorio, con sentimientos de alegría y de reconocimiento" que se ha convertido en "una auténtica expresión social, artística y cultural que junto al tango y el sainete representa a los porteños", señala en una entrevista con Efe Silvia Dotta, quien forma parte de la Asociación de Fileteadores que organiza este evento cada año.

En su quinta edición, el encuentro -que arrancó este viernes y terminará el próximo 29 de octubre con la celebración de la Noche de los Museos en Buenos Aires- acogerá seminarios, charlas, conciertos, homenajes, demostraciones y talleres infantiles, de retratos o de pintura colectiva.

Para Dotta, todas estas actividades tienen como principal objetivo propiciar un "momento de intercambio" entre un centenar de profesionales de gran trayectoria y estudiantes "que están dando sus primeros pasos" en esta técnica.

Con ella coincide Memo Caviglia, fileteador desde hace casi tres décadas, al considerar este encuentro esencial para poder "conversar" e intercambiar experiencias sobre lo que considera "la identidad visual de Buenos Aires".

Los orígenes del fileteado se remontan a principios del siglo XX con la llegada de millones de emigrantes europeos a la capital argentina, donde uno de los trabajos más frecuentes era la distribución de mercadería en carros.

Estos comenzaron a decorarse como una señal de prosperidad, algo que después se trasladó a los camiones, a los autobuses y que, finalmente, terminó en los caballetes.

"Fue mutando de soporte" por la "necesidad de adaptarse" a cada generación, dice Caviglia, "y ahora ha llegado hasta los bares, restaurantes y confiterías de la ciudad".

Así, esta disciplina popular, surgida en las mismas calles de Buenos Aires, fue pasando de los pinceles de los maestros a los de sus discípulos y, tras acompañar a la sociedad porteña durante décadas e incluso sobrevivir a varias prohibiciones, en diciembre del pasado año la Unesco la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

"Logró perdurar porque siempre quedó al margen de las modas" y siempre estuvo "muy arraigado en la cultura popular", señala Dotta, quien considera que estos encuentros anuales son necesarios para "aunar voluntades" y lograr que el filete "no se muera nunca".

Además de las diversas actividades que tienen lugar en la ciudad, ayer se hizo entrega de la estatuilla "Orden del Pincel" al reconocido pintor Martiniano Arce, cuyo trabajo estuvo presente en la primera muestra del filete de la historia -organizada el 14 de septiembre de 1970-, exhibición que sirvió para que comenzara a existir un reconocimiento social y cultural de este arte.

Paralelamente, el encuentro acoge también una exposición de obras pertenecientes a profesionales de todo el país, como el propio Caviglia, quien en esta ocasión, eligió el rostro de Ernesto "Che" Guevara como protagonista de su trabajo.

"Había hecho una Evita, un Gardel, y me faltaba el otro icono de acá", revela a Efe antes de confesarse un "apasionado" y un fanático del fileteado, para el que asegura que, ante todo, hay que tener "mucha paciencia".

Esta misma dedicación la siente su compañero Víctor Hugo Davis, quien llegó este mismo viernes a Buenos Aires desde la sureña provincia de Río Negro, donde reside, para participar en la reunión anual.

"Uno se levanta a las seis de la mañana y desde ese instante, está siempre pintando", dice el artista antes de contar que imparte talleres con personas presas como una forma de "resocialización" de quienes, según denuncia, muchas veces son considerados "lo último de la sociedad".

Como punto de encuentro, como una forma de evadirse de la realidad, como método de inclusión social... este histórico patrimonio argentino no deja de renovarse y de adaptarse a las necesidades de cada tiempo.

Según Dotta, el secreto es que se trata de un verdadero "estímulo a la creatividad" del ser humano.

Además, piensa que requiere "una gran concentración", ya que supone "un desafío" el tener que mantenerse fiel a determinados formatos decorativos y, al mismo tiempo, "encontrar una voz propia" dentro de ellos.

Cuando se logra esto, "el placer es enorme", así que "pienso seguir haciéndolo hasta que la salud me lo permita", asevera con la misma seguridad que sus compañeros, maestros, los tres, inseparables de su arte.

Irene Valiente