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viernes 5 de agosto de 2016, 01:00

El amor y la cruz

Hoy meditamos el Evangelio de San Mateo 16, 24-28.

Si alguno quiere venir en pos de mí... Nada en el mundo deseamos más que seguir a Cristo de cerca; ninguna otra cosa, ni la propia vida, amamos más que esta: identificarnos con él, hacer nuestros sus deseos y los sentimientos que tuvo aquí en la tierra. Estamos junto a él no solo cuando todo nos va bien, sino también al aceptar con paciencia las adversidades, contentos de poder acompañarle en su camino hacia la cruz, uniendo nuestros sufrimientos a los suyos.

El papa Francisco, con respecto al Evangelio de hoy, dijo: “En este Evangelio de Mateo, Jesús nos anima a seguirlo, a poner nuestros pasos en sus huellas. Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, a tomar nuestra cruz y a dar la vida por su reino.

La recompensa será enorme: Porque el hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.

Y quien sigue a Cristo tiene que aceptar llevar su cruz. Lo dice Jesús, en seguida, para hacer comprender a sus discípulos que sería una ilusión pensar en seguirlo, pero sin llevar con él la cruz: ‘El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga’.

No se trata de una cruz ornamental, o de una cruz ideológica, sino que es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor –por los padres, los hijos, la familia, los amigos, también por los enemigos–, la cruz de la disponibilidad para ser solidarios con los pobres, para comprometerse por la justicia y la paz. Asumiendo esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo.

No debemos olvidar jamás que ‘quien perderá la propia vida [por Cristo], la salvará’. Es un perder para ganar”.

(Del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/27081/cat/331/el-que-quiera-venir-conmigo-cargue-con-su-cruz.html).