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miércoles 20 de julio de 2016, 01:00

El administrador

Que estamos en un nuevo colonialismo pocos hay que lo duden. Colonialismo distinto de todos los anteriores, pero con el mismo objetivo: extracción de todas las riquezas posibles de los países sometidos y sometimiento de sus pobladores para que esto sea posible.

Antes era un rey con sus virreyes dominando las colonias.

Ahora son un grupo pequeño de familias dueñas de las riquezas mundiales que se aprovechan de la apariencia de democracia que existe en las naciones modernas, para usar como administradores coloniales a los tres poderes de esos Estados, presuntamente independientes.

Uno de esos administradores es el presidente. Tiene el cargo porque le es útil a “sus amos”. Y como todos los virreyes antiguos, los modernos también se aprovechan para bien propio, apropiándose de todo lo que pueden.

Otro de los administradores es una in-Justicia que ha creado reglas que permiten delinquir en provecho de otra capa superior, guardando las apariencias de legalidad. El caso de Curuguaty es un ejemplo claro de todo esto.

El Tribunal de Sentencia con su absurda condena le ha prestado un servicio grande a los “amos” del Paraguay: ganaderos, sojeros, latifundistas de tierras mal habidas, narcos etc. En adelante los campesinos no podrán entrar en tierras fiscales y las derecheras compradas o usurpadas serán inviolables.

Finalmente, está el poder que da leyes y que, salvo pocas y honrosas excepciones, ha perdido representatividad por su lejanía de los intereses del pueblo. Es curioso que todo lo que fue la masacre de Curuguaty comienza en el mes de enero del 2012 con una carta del diputado Tuma y un documento del senador Alegre, como presidente de la comisión permanente del Legislativo, pidiendo ambos que se desalojen a los campesinos que ocupaban Marina Cué en beneficio del latifundista Riquelme.

No da gusto decir que todavía somos una colonia moderna. Hay que reconocerlo para vencerla y vivir.