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Opinión
jueves 11 de agosto de 2016, 01:00

El abuso y la violencia

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

Debo volver a un lugar común para escribir estas líneas: El discurso. En varias columnas hice alusión al asunto y lo seguiré haciendo mientras surjan motivos. Por lo general, lo que está tan naturalizado –lo dicho en este caso–, ya sea por la violencia estructural a través de normas, silencio o arbitraria imposición, pasa desapercibido y no reparamos en lo tramposa y perversa que son. Por estos días el ex presidente del Congreso Mario Abdo Benítez, hijo del homónimo ex secretario del dictador Alfredo Stroessner (1954-1989) aludió nuevamente a las "bondades" de los Años de Terror. Nuevamente, porque ya lo había hecho en octubre del 2015 en un acto partidario en Itá.

Como entonces, y ahora con más vehemencia, numerosas voces se alzaron para repudiar lo que fue considerada una aleve y grosera reivindicación del latrocinio, el genocidio y el terrorismo de Estado (crímenes, torturas, persecuciones, etc.).

Lo hizo frente a 500 jóvenes en Piribebuy. Pidió disculpas a las víctimas de la intolerancia y alegó que aquel periodo había traído al país estabilidad, paz y progreso (frase de hierro de la dictadura).

Cuando arreciaron los reclamos; en su justificación, el ex presidente del Congreso dijo que no había reivindicado la dictadura, pero que "no se puede negar la historia, el stronismo hizo grandes obras". Y, como buscando atemperar –nuevamente– semejantes expresiones, volvió a lo dicho en Piribebuy: "Jamás dije que se vivía mejor en ese periodo, pues también reconocí que se cometieron abusos contra derechos humanos y la libertad de prensa".

Héte aquí las trampas del discurso. Conscientes engaños urdidos para hacer creer que se dice, cuando que en el fondo se justifica. Lo que ocurrió bajo los casi 35 años de dictadura stronista fueron actos criminales de lesa humanidad. Violencia pura. Crímenes de sangre. Torturas, censuras, clausuras de medios, exilio, extrañamientos, deportaciones, intercambios ilegales de prisioneros, centenas de desaparecidos hasta hoy, miles de presos sin juicio por razones ideológicas, aplicación de un sistema de terror y muerte en alianza con otras dictaduras (Operativo Cóndor) y un largo etcétera coronado con la galopante corrupción que hasta hoy hunde al país. Eso no fue un "abuso". Eso fue violencia dura, organizada y ejecutada sistemáticamente. Abuso es propasarse un poco más de lo permitido. En este caso, nada de lo hecho estaba admitido contra persona alguna ni la prensa.

Lo del presidente Horacio Cartes había sido un lapsus, traición del inconsciente. Lo de Abdo Benítez, una acción deliberada. En todos los casos, revelaciones de lo que son y siguen queriendo ser y hacer.