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Opinión
domingo 19 de marzo de 2017, 01:00

Economía bien, política mal, seguridad pésima

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

La semana pasada ha sido pródiga en noticias buenas y malas, tanto en el aspecto económico, como en el político y en el de seguridad.

En el aspecto económico, las noticias fueron buenas; la producción de soja de este año superará las 10 millones de toneladas –producción récord para nuestro país– la cual tendrá impactos muy positivos en el transporte, en el comercio y en los servicios.

A la buena cosecha agrícola hay que sumarle la recuperación del comercio fronterizo con el Brasil, que luego del desplome en años anteriores hoy está recuperando su vigor gracias a la precaria normalización política del vecino país.

Según estimaciones del Banco Central del Paraguay, estas buenas noticias económicas permitirán que nuestra economía crezca en este año 2017 en torno al 3,7 por ciento.

Es un buen crecimiento si lo comparamos con el crecimiento casi nulo que tendrán Argentina y Brasil, pero es un crecimiento mediocre si lo comparamos con el 6,5 por ciento de la gigantesca China y con el 5 al 7 por ciento de los países denominados los Tigres Asiáticos.

Solo con el esfuerzo del sector privado –que depende de la lluvia para una buena producción agrícola y del cambio del dólar en el Brasil para el comercio fronterizo– nuestro crecimiento potencial siempre estará en torno al 3,5 por ciento.

Con un PIB per cápita alrededor de los 4.000 dólares, el Paraguay es junto con Bolivia uno de los países más pobre de Sudamérica y si nos conformamos con una mediocre tasa de crecimiento económico en torno al 3,5 por ciento, alcanzaremos la frontera del desarrollo de 20.000 dólares per cápita, en aproximadamente... 70 años.

Esta tasa de crecimiento mediocre no podrá aumentar si no hacemos una serie de reformas estructurales imprescindibles. La reforma del Poder Judicial es fundamental, la reforma en la educación es imprescindible, la reforma del sistema previsional es indispensable y la reforma de la administración central y de las empresas públicas es ineludible.

Pero para que estas reformas sean posibles, necesitamos de la política, de la buena política. Necesitamos de políticos que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

Y en ese sentido, las noticias políticas han sido malas, porque la disputa por la enmienda constitucional ha monopolizado la agenda política y ha contaminado el proceso de aprobación del Presupuesto y la emisión de los bonos soberanos.

Por otra parte, mientras el sector económico produce una cosecha récord, pero que es insuficiente para avanzar en el desarrollo y los políticos viven en sus interminables peleas, la ciudadanía paraguaya observa aterrorizada cómo los capomafiosos del narcotráfico se matan entre ellos para quedarse con el control de parte del territorio paraguayo.

Dicen los que conocen el tema de seguridad, que el acuerdo de paz firmado en Colombia entre las FARC y el gobierno ha hecho que el centro de la producción de la cocaína se haya trasladado a Bolivia y que el camino para llegar al enorme mercado brasileño y de ahí a Europa y Asia es el Paraguay.

Para que esto ocurra, el crimen organizado necesita controlar el territorio paraguayo y además, infiltrarse en las instituciones encargadas de combatirlo, como la Policía, la Fiscalía y el Poder Judicial.

Es vox pópuli la presencia de numerosos políticos –en las municipalidades, en las gobernaciones, en el Poder Judicial y en el Poder Legislativo– que responden directamente a grupos criminales.

Mientras muchos empresarios se dedican a producir sin participar activamente en los temas del país, mientras los políticos viven enfrascados en sus eternas rencillas, el crimen organizado está controlando el Paraguay.

Si no hay un cambio radical en nuestro país, acompañado por todos, nuestro destino inevitable será algo parecido al que sufrió Colombia en el pasado y al que sufre México en el presente.