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Opinión
miércoles 1 de marzo de 2017, 02:00

Echar mano a la trampa para ser “buen policía”

Susana Oviedo - soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

Ni estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Asunción, una de las carreras más cotizadas del país, convoca a tantos interesados como el número que registra el Instituto Superior de Educación Policial (Isepol), con nada menos que 2.000 postulantes.

La institución es de nivel superior y está integrada por diferentes unidades académicas para los distintos niveles de formación, especialización, actualización y perfeccionamiento de los policías.

Un tema que da para el análisis sociológico es cómo esta carrera –pese al enorme desprestigio, los niveles de corrupción y mediocridad de la Policía Nacional– todavía congregue cada año a tantos jóvenes interesados en cursarla.

Se podría pensar con buena fe que la vocación los impulsa a querer servir a la sociedad protegiendo a los ciudadanos y sus bienes.

Entonces, cómo no garantizar que la institución que los irá a formar reúna los estándares de transparencia y de calidad académica.

Sin embargo, estamos asistiendo al lamentable episodio que un sistema permeado por la corrupción ya convierte en víctimas a los aspirantes a policía.

Es decir, chicas y muchachos que antes de ingresar y comenzar el entrenamiento, ya son afectados por una situación generada en el interior de la institución educativa, y que tiene que ver con que alguien de adentro filtró los temas y las respuestas correctas de los exámenes.

Esto dio pie a un fraude en el que se vieron involucrados unos pocos postulantes que no han tenido empachos en echar mano a la deshonestidad para asegurarse una de las plazas en el Isepol.

La irregularidad no se habría conocido, de no ser por las denuncias que formularon otros aspirantes que se percataron de lo que estaba ocurriendo. De no ser por ellos, los corruptos ya habrían empezado las clases esta semana para convertirse dentro de 3 años en "flamantes policías", dispuestos a todo, por las buenas o por las malas.

Por culpa de estos 15 a 20 jóvenes, y de algún personal corrupto de la propia institución, el Comando institucional, en una medida apresurada e injusta, anuló todos los exámenes del proceso de admisión y perjudicó de este modo a los que realizaron honesta y correctamente las pruebas.

La situación impacta negativamente en el sacrificio y la dedicación de muchos jóvenes que no se prestaron al juego sucio propiciado por alguien que, con seguridad, tenía acceso a las pruebas y que, con su acto colaboró a aumentar la averiada imagen de la Policía Nacional que, a estas alturas, antes que depurarse está cada vez más contaminada.

Para que se dé un acto de corrupción hace falta que haya gente predispuesta a corromper y a ser corrompida, además de impunidad.

Por lo visto, en el Isepol se reunieron estos tres requisitos.