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Mundo
martes 4 de abril de 2017, 12:02

Dramática espera en el cementerio por los muertos de la avalancha de Mocoa

Mocoa (Colombia), 4 abr (EFE).- La desesperación reina hoy en el Parque Cementerio Normandía de Mocoa, donde decenas de personas esperan que les entreguen a sus familiares muertos en la avalancha, ya en avanzado estado de descomposición, al lado de una pila de pequeños ataúdes de color blanco sobre los que hay un cartel que dice "Niños".

La imagen no puede ser más dantesca, con los cadáveres expuestos al sol tropical y los dolientes esperando que les entreguen a sus seres queridos, muchos de los cuales ya han sido reconocidos por ellos mismos, pero no se los pueden llevar hasta que el Instituto colombiano de Medicina Legal y el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía no completen los trámites de rigor.

"Estoy esperando a mi mujer y a un nieto desde el sábado a las ocho de la mañana y no los han entregado todavía. Dicen que tienen que hacer muchos papeles. Queremos que los entreguen ya, pues ya tenemos todo listo para sepultarlos", relata a Efe José Salomón Muñoz.

Según cuenta, su mujer y nieto estaban en el barrio San Miguel, uno de los más devastados, la noche del pasado viernes, cuando un diluvio desbordó los ríos Mocoa, Sangoyaco y Mulatos que arrasaron parte de esta ciudad colombiana, capital del departamento sureño del Putumayo.

"A mi mujer la encontramos con el niño abrazado en Puerto Limón. Imagínese, de San Miguel a Puerto Limón", dice sobre ese caserío distante unos 30 kilómetros de Mocoa río abajo.

Otro doliente, José Buesaquillo, busca a su hermana Gladys del Socorro Buesaquillo, y a su cuñado Laureano Bolívar Cojoa, de quienes cree que "fueron arrastrados por la avalancha, y hasta el día de hoy no hemos sabido nada y estamos esperando noticias".

"Lo que pasa es que necesitamos más gente, más funcionarios del CTI, de la Fiscalía, que vengan a colaborar acá, no importa de que parte vengan, pero lo importante es que vengan porque hay muchos cuerpos que están en el sol y eso los acaba de descomponer, y así ¿cómo los vamos a reconocer?", dice a Efe.

El director del Instituto de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés, dijo el lunes que esa entidad "tiene la necesidad de identificar plenamente los cuerpos" de los fallecidos, que ya son 279, de los cuales 144 son menores de edad.

"Por eso le pido a la ciudadanía de Mocoa, a las víctimas sobrevivientes de este desastre, que entiendan la labor del instituto, que comprendan que no podemos entregar los cuerpos por reconocimientos que hagan familiares, reconocimientos físicos, toda vez que los cuerpos están muy maltratados, con muchos traumas (...) y el reconocimiento físico no es confiable", afirmó.

Sin embargo, otra cosa piensan quienes ya resignados a la pérdida de sus parientes, llevan días al sol en el cementerio esperando uno o varios cadáveres.

Uno de ellos es Buesaquillo, quien pide más agilidad de las autoridades porque "ya hay muchos que estamos impacientes".

El ambiente en el cementerio es tenso por momentos porque hasta este lugar han sido trasladados decenas de cadáveres que no cabían en la morgue de Mocoa, razón por la cual numerosas personas se agolpan en el camposanto con la esperanza de poder recibir a sus familiares y darles sepultura.

La gente espera sentada en un muro de baja altura a que los llamen para registrar ante las autoridades los datos del familiar fallecido con la esperanza de que logren encontrarlo entre la pila de cadáveres y, si tienen algo más de suerte, que sea para entregarles sus restos.

Miembros de la Policía mantienen el orden en el lugar, pero la gente, ya agotada físicamente, pide que este drama acabe, reclaman que la espera ha sido muy larga y dura y exigen que les entreguen a sus muertos "para poder enterrarlos y olvidarnos ya de esta tragedia", dice alguno.

En la parte alta del cementerio, al lado de la sede administrativa, cuatro funcionarias de Medicina Legal sentadas a una mesa bajo un toldo para protegerse del sol de justicia reciben los testimonios de quienes tienen desaparecidos.

Preguntan a los dolientes la edad, rasgos físicos característicos y a quien llamar en caso de que encuentren el cadáver. Las autoridades no dan ninguna cifra de desaparecidos, pero a juzgar por la mesa llena de papeles en los que van consignando cada caso, son muchos, centenares quizás.

En una catástrofe como esta, quienes han logrado enterrar a sus parientes se sienten afortunados, aunque por las prisas, muchas de las tumbas no tengan siquiera una marca que identifique a quien ahí yace, solo flores que ya empiezan a marchitarse.

En algunas los dolientes dejaron globos de colores para marcar que en ese lugar está enterrado un niño como muchos de los que aún no han sido identificados y para quienes ya hay una pila de ataúdes blancos esperándolos.

Gonzalo Domínguez Loeda