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Especiales
viernes 22 de julio de 2016, 11:04

Doña Reina, una sacrificada emprendedora luqueña

Solo estudió hasta el segundo grado, pero para hacer cuentas es rápida y hábil; según sus clientes, es la mejor vendedora que conocen y para sus hijos es un verdadero ejemplo a seguir. Doña Reina Cano (52) desde hace 30 que se dedica a la venta de frutas y verduras sobre la calle Eusebio Lillo. Aquí su historia de vida.

Por Stefanie Céspedes | @BetiStef

Estaba casada y tenía a dos de sus cuatro hijos cuando comenzó a dedicarse a la venta de hortalizas. Se levanta todos los días a las 04.00 para salir de la ciudad de Luque hasta el barrio Herrera de Asunción, pero antes de llegar hace una parada en el Mercado de Abasto para elegir los mejores productos para sus clientes.

El sol, la lluvia y el frío son sus compañeros diarios. Cada mañana llega con las esperanzas de brindar un futuro mejor a sus hijos con la venta de sus productos; organiza sus canastas y carretillas alistando frutas y verduras en la vereda de un local comercial sobre Lillo casi Concejal Vargas para esperar a sus clientes.

"Es sacrificado y también desde hace un tiempo implementé la venta de empanadas y sándwiches porque no alcanza. Tengo que mantener a mis hijos, todos estudian y eso les inculco, que estudien", comenta mientras amablemente atiende a un cliente que se acerca para comprar algunos comestibles.

Familia. Doña Reina se separó hace seis años y vive con sus hijos, a los que no solo les enseña con el ejemplo, ellos también colaboran con la preparación de comestibles por las tardes y en horas de la madrugada son quienes se encargan de fritar las empanadas y otras minutas que su madre luego lleva para vender.

"Hoy en día la situación es difícil para comer y para vivir, tenemos que trabajar, pero también confío mucho en Dios y le agradezco a mis clientes porque por medio de ellos yo vivo", reflexiona la sacrificada compatriota.

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Anécdotas

Comenta que si bien sus clientes nunca se olvidan de ella, al igual que los vecinos de la zona, también otros trabajadores a quienes ya considera amigos se muestran muy solidarios con su persona.

"Cuando llegué recién a este barrio, un día estaba colocando mis mercaderías en la vereda y pasó el camión recolector de basura, alzaron todas mis cajas con mercaderías y llevaron, pero al día siguiente les dije que me debían por esas verduras; después quedamos amigos y ahora les suelo regalar para su remedio refrescante o alguna fruta; a fin de año ellos me traen sidra, comparten conmigo lo que le regalan en las casas", comenta.

Otra de las anécdotas que compartió ocurrió una mañana de frío intenso. "No aguantaba el frío, sentía que mis pies y manos se congelaban, pero mi amiga la peluquera que está en frente me prestaba su secador de cabellos para calentar mis pies y manos, así pasé esa mañana. Aquí soy muy querida por todos", señala Doña Reina.

Lechuga, berro, perejil y curatú forman parte de la combinación de colores que acompañan a los tomates, naranjas y mandarinas, entre otros, que hacen imposible no desviar la mirada hacia las canastas y carretillas apostadas a un lado de la vereda al pasar por la calle Eusebio Lillo.