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miércoles 28 de junio de 2017, 01:00

Distinguir lo que más vale

“Cuando distingamos lo que vale más de lo que vale menos….”. Bueno, ese día el Paraguay será diferente: no venderemos los votos, pondremos un freno a la corrupción y desaparecerá la impunidad, la soja dejará de avanzar arrebatándonos la soberanía territorial, habrá tierra para todos los campesinos, ya nadie morirá por falta de medicamentos, Tacumbú no existirá, etc., etc.

Ese día nacerá el nuevo Paraguay. Lo cual será formidable, aunque todavía lo veo lejano.

Les pongo un caso concreto.

Personalmente, soy un aficionado al fútbol y desde los 13 hasta los 35 años todas las semanas jugué un partido de ese deporte. Por lo tanto nadie me puede decir que no conozco, no estimo, no he practicado el fútbol, no he gozado con él… Pero…

No entiendo lo que ocurre cuando hay un clásico. No entiendo la “leña que echan al fuego”, irresponsablemente los comentaristas en los medios de comunicación social. Aunque luego se quejen de las desgracias personales que suelen ocurrir.

A esa hora reuniones, cursos, compromisos, clases, etc., se suspenden “porque hay partido”.

Bueno, todo esto hasta culturalmente lo comprendo, pero… me da pena.

El Paraguay se hunde, el pueblo no decide, los parlamentarios no nos representan, el presidente nos endeuda. Todo esto es grave. Y no comparto el interés que se pone todo y solo en el fútbol.

Pareciera que en el partido se decide nuestra felicidad. O peor todavía, para muchos, allí ciertamente está su felicidad, en el azar de un juego, porque no tienen otro horizonte superior a él.

Bueno, que conste una cosa. No suelo ver los partidos porque hay cosas más importantes que hacer. Pero si un amigo me insiste que lo acompañe porque se pondría contento, voy a su casa a acompañarlo. Al ser humano hay que hacerlo feliz acompañándolo y eso es para mí algo que también es superior.

En ocasiones, la vida tiene sus desafíos.