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Editorial
viernes 12 de agosto de 2016, 01:00

Directores irresponsables son un obstáculo para la educación

Los directores de las escuelas públicas que no han respondido en el plazo requerido por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) a la solicitud de informe del estado edilicio de sus escuelas han actuado con una lamentable irresponsabilidad. El hecho de que de los 8.000 profesionales que dirigen los establecimientos escolares apenas el 20 por ciento haya enviado los datos en tiempo y forma habla a las claras de la irresponsabilidad de la mayoría de los que debieron haber dado ejemplo a profesores, alumnos y padres de familia. Con directores incapaces, la educación pública seguirá caminando a paso de tortuga.

Cuando en educación se habla de gestión oficial deficiente, los docentes suelen ser los más fustigados por su escasa preparación para estar al frente de los alumnos, su indisciplina y su poca pasión para desempeñarse en el compromiso relevante de educar a niños y jóvenes. Los que ejercen cargos directivos tales como los supervisores y los directores de escuelas y colegios suelen pasar desapercibidos, pues todo el peso de la culpa recae en los maestros.

Sin embargo, una buena parte de la situación actual de la educación pública paraguaya es atribuible a directores con falta de liderazgo, sin apego a la disciplina y sin valores éticos. El funcionamiento de un establecimiento de enseñanza suele ser el reflejo de quien está al frente.

Tras el reciente derrumbe en la escuela de la compañía Tape Guasu, de Piribebuy (Departamento de Cordillera), el ministro de Educación Enrique Riera intimó a los directores a que presenten un detallado informe acerca del estado actual de los locales en los cuales desempeñan sus tareas.

El MEC, a estas alturas, con el desplome sucesivo de tantas escuelas y colegios, tendría que haber contado ya con una detallada radiografía del estado de las edificaciones, sin embargo, los directores debían haber respondido con la celeridad con la que se les requería.

El plazo urgente de tres días debió haber sido suficiente para que detallen una realidad que no requiere ningún estudio técnico y es posible determinar a simple vista. Argüir que los días del fin de semana no se cuentan porque no son hábiles es un despropósito: si hubiera existido conciencia profesional y compromiso, lo hubieran hecho en menos de 24 horas.

Este hecho no es aislado. Muchos directores –por fortuna, como los 1.500 que cumplieron con el pedido en el plazo establecido, no todos son iguales– reman contra la educación porque son los primeros que no cumplen con sus obligaciones. Y si no lo hacen, con qué autoridad van a pedir responsabilidad a sus docentes, a los estudiantes y a los padres de familia.

La educación pública tiene demasiados talones de Aquiles, pero el más grave es el de los directores irresponsables. Si ellos hubiesen tenido una actitud diferente, siendo los primeros en dar ejemplo en el cumplimiento de sus obligaciones, buena parte de los problemas de la educación hubieran estado encaminándose hacia la solución.

Para cambiar este estado de cosas, son las comunidades educativas de cada local de enseñanza las que, en primer lugar, deben exigir a los directores que sean responsables. Ese reclamo será de sumo valor para que se pueda avanzar un poco más rápido en el mejoramiento de la educación pública.