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martes 25 de julio de 2017, 01:00

Desigualdad social; David y Goliat

En el Paraguay existe un abismo que es uno de los problemas más grandes que tenemos que superar.

Un abismo, que no es físico, pero que tiene manifestaciones materiales. También consecuencias políticas y, por supuesto, culturales. Unos viven con todos los adelantos de la tecnología y diríamos ya alcanzaron el primer mundo y otros, buscando angustiosamente un plato de comida, están empantanados en la pobreza.

Este abismo tiene un nombre: desigualdad social.

Lo malo no es que exista, pues viene desde muy antiguo, sino que las fronteras de este abismo, cada día, están más distanciadas.

Empleando una imagen bíblica, el gigante Goliat es cada día más grande, poderoso y acumula más crecientes riquezas hasta ser el “amo” del Paraguay.

Al otro lado del abismo el David pequeño cada día crece más en número, pero también en pobreza.

El Goliat paraguayo, pocos ricos cada día más ricos, serán apenas mil familias. Una parte de ellos enriquecidos por el robo de “guante blanco”; otra, enriquecida por su trabajo honesto, pero olvidaron que solamente son administradores de sus riquezas, que tienen que servir al bien común de todos. El David paraguayo, mayoría creciente pobre, son millones de familias.

Y, entre ellos, una masa de empleados (clase media alta o baja) que, por los malos gobiernos, cada día es más baja y cae en la pobreza.

La desigualdad social, repito, es uno de nuestros grandes problemas al que tenemos que darle solución.

Me parece que está en que este David pequeño tome su honda y la sepa manejar. La fuerza de la honda del David colectivo está en que como pueblo organizado, constitucionalmente, es el soberano.

Y el día que este convencimiento sea asimilado por los empobrecidos, los “amos” del Paraguay tendrán que compartir sus tierras y riquezas. Y el abismo habrá desaparecido.

En lenguaje bíblico, David habrá vencido al Goliat que todavía le domina.