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Sucesos
martes 29 de noviembre de 2016, 01:00

Denuncian violencia institucional hacia mujeres privadas de libertad

Una joven de 17 años fue detenida el pasado 23 de noviembre en Kurusu de Hierro, Horqueta, por efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta. Y según su defensora, la misma fue torturada por militares que estaban de civil, quienes le colocaron bolsas por la cabeza y le derramaron agua y la golpearon.

La práctica de la tortura sigue estando vigente en nuestro país, según denunció el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, que ayer dio a conocer datos que, según ellos, desnuda la violencia estatal con mujeres privadas de libertad.

Luego de entrevistar a 785 mujeres que están privadas de libertad en 9 centros de reclusión de todo el país, llegaron a la conclusión que alrededor de 274 de ellas revelaron que fueron víctimas de tortura, por parte de Policías o agentes de la Senad, tanto física como psicológicamente.

Señala el informe que las reclusas mencionaron que fueron hostigadas, amenazadas con ser violadas, toqueteadas y torturadas con métodos como: colocar aguja debajo de la uña, poner bolsa en la cabeza y derramar agua, entre otros. Estas prácticas eran utilizadas por los policías durante la dictadura stronista, que sigue vigente en la actualidad. “¿Es el rol de la policía el de torturar, de maltratar?”, se preguntaba José Galeano, el director del Censo, durante la presentación realizada ayer, en el Archivo Nacional.

Los maltratos y torturas siguen en la Penitenciaría, según el MNP, donde el 44% manifestó que fueron maltratadas por guardias, compañeras y hasta la directora. Con la modalidad de toqueteos, sometimiento con picana eléctrica, sal en la herida y otros tratos crueles.

Experiencias. El estudio fue realizado en la cárcel de mujeres Casa del Buen Pastor, de Asunción, Juana María de Lara, de Ciudad del Este y en las penitenciarías regionales de Encarnación, Coronel Oviedo, Villarrica, Misiones, San Pedro, Concepción y Pedro Juan Caballero.

La Penitenciaría de Villarrica es una de las más violantas; le sigue la de Misiones y la de Juana María de Lara, de Ciudad del Este.

El centro de reclusión que menos referencia tuvo es el de Pedro Juan Caballero, de acuerdo al informe. “Al someterle a las mujeres a este circuito de maltrato es que salgan más golpeadas. La privación de libertad no debería de servir para que la persona aprenda desde el dolor. Debería servir para la reinserción”, añadió Galeano.