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sábado 30 de julio de 2016, 01:00

¿Democratizar la violencia?

Me refiero a la violencia del Estado. Aquella violencia que tiene su origen en las instituciones de alguno de los tres Poderes como norma de imponer su modo de actuar. Es lo que llamamos terrorismo de Estado.

En cuanto a “democratizar”, puede ser de dos maneras.

Democratizar realmente o hacerlo en apariencias. Esto último es lo que llamamos “democracia formal”. Pura apariencia de democratización.

Y la respuesta al título de estas líneas es clara.

Si democracia es gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo, nunca realmente la violencia de Estado, que destroza, engaña y suplanta al pueblo, puede ser democracia. Y si a esto llamamos democracia, se trata de pura apariencia de ella.

En las campañas electorales del Paraguay descaradamente se prometen cosas que nunca van a cumplir. Esto es apariencia de democracia.

El día de elecciones impunemente se venden y compran los votos. De allí nace una aparente voluntad popular que es aparente.

Todo esto se prolongará luego en el ejercicio de los tres Poderes. Y se da en el actual Paraguay.

El Poder Legislativo, alejado del pueblo, hace leyes a sus espaldas que lo dañan. El Poder Judicial, con una telaraña de leyes que interpreta políticamente, aunque su cúspide afirme la libertad e imparcialidad judicial, favorece con su sentencia al que más tiene y condena al pobre.

Y el Poder Ejecutivo, pongo un caso concreto, aparentemente dice que no le interesa la repetición del mandato, cuando en realidad mueve todas sus fichas (aun comprando el cambio de la Constitución) para ser reelegido.

Vivimos en una democracia aparente en la que priva más el interés partidario al servicio de los “amos” del Paraguay que el bien común de un pueblo empobrecido.

Estamos en una plutocracia (violencia del poder del dinero), con capa y figura de aparente democracia que no es sino una aparienciacracia (violencia oculta y disimulada).