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domingo 22 de enero de 2017, 01:00

Del triunfo matemático al bochorno político

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Villalba

Lo que el 13 de enero fue presentado como una hazaña política de la ANR oficialista al entregar al TSJE las 366.000 firmas que apoyan la reelección de Horacio Cartes vía enmienda, terminó en un bochornoso espectáculo y con la granada explotando en el rostro del Gobierno.

La presentación del voluminoso documento, fundamento de la campaña cartista-luguista llanista denominada "QuelaGenteDecida", empezó a desdibujarse cuando los ciudadanos y los opositores, a través de las redes sociales y medios de comunicación, denunciaron la dificultad para comprobar si sus nombres estaban en la lista. Apenas se comprobaron algunos casos de ciudadanos incorporados involuntariamente falsificando sus firmas, lo que configura un delito penal, se desató un escándalo y el caso explotó en pleno rostro de la cúpula colorada que empezó a balbucear explicaciones sobre los groseros errores.

Al final, depurada la lista de muertos, menores de edad, votantes del exterior, etc. siendo lo más grave el robo de identidad, quedaron 288.685 nombres coincidentes con el Registro Cívico Permanente. Pero la pesadilla aún no termina. La corroboración ciudadana sigue a través de internet, a pesar del indisimulado boicot informático desde la ANR y el TSJE que ofrecen el servicio, pero que por las constantes caídas del sistema vuelven engorroso o imposible el proceso de verificación.

El impacto negativo fue tal, que a pesar de superar nueve veces el requisito para la enmienda (solo se necesitan 30.000 para impulsar en el Congreso), la noticia es el bochorno del que ya no hay vuelta atrás. Este tipo de campañas no permite margen de error y en política se paga muy caro.

Tanto que la cúpula colorada encabezada por Pedro Alliana pasó de la euforia inicial a la humillación al punto que la comitiva política se vio obligada a ir hasta la Fiscalía "a ponerse a disposición" ante la lluvia de denuncias. Como toda defensa señalaron que un 20% de error no es mucho y que "infiltrados" manipularon las planillas. Una excusa gastada que no convenció a nadie.

DURMIENDO CON EL ENEMIGO. Como parte de la otra campaña pro reelección, la reconciliada alianza lugo/llanista sigue recorriendo el país para dar ropaje popular a la cuestionada y polémica enmienda.

"Aprenderemos de nuestros errores", dicen en sus sobreactuados discursos Lugo y Blas Lanzoni, buscando resarcir heridas e intentando cubrir con un manto de olvido aquel juicio político que los separó abruptamente en 2012.

Sin embargo, las cuentas aún no están cerradas. La desconfianza es la segunda piel entre ambos sectores. El Frente Guasu sabe que Llano es un aliado de Cartes, primero cuando traicionó a la Concertación apoyando la destitución de Lugo en el 2012 y luego como puntal de su Gobierno. Saben que el líder liberal juega a dos puntas y no tienen certeza absoluta de su lealtad. Pero saben también que la sobrevivencia del uno depende del otro y que no hay otra alternativa que estar juntos a pesar de las diferencias.

NADA QUE DECIR. Por ahora, el proyecto de enmienda sigue con vida con pulmotor. La estrategia de las planillas con miles de firmas terminó en bochorno; los aliados luguistas y llanistas siguen dando largas al asunto y la reelección está generando cada vez más rechazo ciudadano. Que sumados a los cortes de agua y energía, el malhumor social irá in crescendo.

Tan mal salió el plan que Cartes, al arribar ayer de su gira internacional, probablemente la más exitosa de su gestión, no quiso hablar con la prensa. Y eso que tenía mucho para decir: que en el foro de Davos reconocieron el éxito económico y la transparencia de su Gobierno. Que con el presidente italiano hablaron de inversiones y sobretodo del cordial encuentro con el papa Francisco, que lo recibió por cuarta vez. Un privilegio que pocos presidentes tienen.

De nada de esto pudo alardear porque más de un millar de muertos y otros 59.000 fantasmas firmaron a favor de su reelección. Que sumaron mucho más que los 288.000 vivos que apoyan su continuidad. La matemática política tiene sus trampas porque aquí dos más dos no son cuatro.

Tanto fue el bochorno que hasta resucitó al decaído Efraín Alegre.