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domingo 7 de agosto de 2016, 01:00

Definición del salario mínimo exige mejores reglas de juego

Cada vez que la inflación llega al 10 por ciento surge el debate acerca del reajuste del salario mínimo. Desde diferentes sectores se debate el tema y a pesar de que nadie queda conforme –ni trabajadores ni empresarios– con los resultados, año a año el país continúa arrastrando un problema cuya falta de solución estructural y de largo plazo termina sin beneficiar a nadie. Este año surge como tema la posibilidad de reajustar cuando la inflación llegue al 5 por ciento, lo cual puede ser beneficioso, ya que actualizará el salario antes de que pierda mucho poder adquisitivo y su impacto negativo será mínimo, según la evidencia existente en la literatura. Pero más allá de una solución coyuntural, el país debe plantear medidas de largo plazo que beneficien tanto al trabajo como a la producción y la productividad.

El salario mínimo tiene varios objetivos, entre los que se encuentran garantizar la subsistencia digna del trabajador y de su familia y solucionar fallas de mercado derivadas de la asimetría de información y poder de mercado que pueden ejercer las empresas. Estos dos fines hicieron del salario mínimo una de las políticas económicas más extendidas en el mundo.

En general, y también en Paraguay, los salarios mínimos se deben establecer dependiendo del costo de vida del trabajador, del nivel de productividad y de las condiciones generales del país y de la rama económica en particular.

Sin embargo, en nuestro país prevalece la fijación del nivel del salario mínimo solo a partir del aumento del costo de vida medido por la inflación.

La ausencia de los demás criterios hizo que el salario mínimo se convirtiera en un techo y no en un piso, por lo que deben establecerse otros mecanismos de ajustes que garanticen que el mejor desempeño económico, traducido en aumentos de la productividad, beneficie también a los trabajadores del sector o rama.

Con el mecanismo actual, en realidad, no existen aumentos del salario mínimo real, sino reajustes para equiparar la pérdida de nivel adquisitivo ya ocurrido, lo cual puede tener un efecto perverso si el sector empresarial se anticipa y reajusta sus precios antes del aumento salarial.

En este caso, podría ser beneficioso ajustar con mayor regularidad, ya que la literatura señala que pequeños aumentos no tienen efectos negativos, tal como señalan algunos referentes económicos sobre el riesgo de pérdida de empleos cuando se eleva el salario.

Más allá del debate coyuntural sobre la inflación actual y el reajuste en el corto plazo, es necesario discutir una política de salario mínimo que proteja al trabajador a la par de vincular efectivamente el salario a la productividad. Este debate debe darse con información veraz y confiable para todos los sectores involucrados, ya que actualmente las opiniones a favor o en contra del aumento salarial se dan en función de percepciones de qué modelo opera en la realidad o del grado de afectación del salario mínimo.

Por lo pronto, el dato cierto es que el salario mínimo actual no cubre la línea de pobreza total para una familia de 4 integrantes, según el último informe oficial de pobreza.

Esta situación, junto con un necesario debate sobre las condiciones y determinantes de la productividad deben ser abordados por el Gobierno para cumplir con los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo: reducción de pobreza, crecimiento económico inclusivo e inserción de Paraguay en el mundo.