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Opinión
domingo 31 de julio de 2016, 01:00

De prisiones y de Justicia

Por Benjamín Fernández Bogado – Tw: @benjalibre
Por Benjamín Fernández Bogado

Si usted comete un crimen en Paraguay tiene solo 1% de ser condenado, 5% de ser procesado y 99% de zafar.

El 80% de los más de 10.000 presos no tienen condena y hay más de 60.000 órdenes de captura emitidas.

Sí, casi dos estadios Defensores del Chaco.

El negocio es administrar la libertad condicional de miles y meter entre rejas a una cantidad suficiente que haga que exista entre otras cosas una fiscalía, corte suprema y magistrados, defensa pública, policía y un ministerio.

Sí, el de Justicia, que no tiene nada que administrar en ese campo, en realidad, debería llamarse de prisiones y afines.

Luego de su partición en dos, esta cartera de Estado debe repensar con seriedad para qué está en el organigrama del Gobierno.

Si es para administrar cárceles, el título es muy pomposo, y si es para demostrar un compromiso con la administración de justicia real... está muy lejano.

El Ministerio de Justicia sufre de una profunda crisis de identidad, valores y destino.

No sabe lo que es, no sabe cómo es y menos hacia dónde va.

Para lo que hace, podría ser una dirección del Ministerio del Interior, donde tampoco se hace mucho, pero racionalizaría costos para todos.

En términos penitenciarios, Paraguay se merece unas cuantas tesis doctorales.

Una de ellas, para responder a la pregunta de cómo un penal como Tacumbú, con más de 4.000 presos, es custodiada por solo 40 guardiacárceles cuando en realidad debería tener 400.

Y otra investigación podría responder a la pregunta: ¿por qué no hay más motines como debieran ocurrir en esas condiciones?

La respuesta tal vez esté en el hecho de que la cárcel es un buen negocio para muchos de los que están adentro, para los que la administran, pero no para bastantes que solo son parte de la escenografía de la decadencia y el abandono sociales.

O quizás la respuesta la dio el aventajado alumno Jarvis Chimenes Pavão, que por ninguna razón quería salir de Tacumbú.

La suite en la que vivía y su capacidad filantrópica hacían palidecer la tarea de la SAS, bienestar social y función pública.

Su abogada fue bien clara: es un preso que merece vivir de lo mejor por la generosidad con que trata a muchos.

Los norteamericanos calculan que el 1% de la población debería estar adentro y por eso su población penitenciaria es de más de tres millones.

Con ese cálculo deberíamos tener 70.000 en prisión y claro, dónde metemos a todos.

El negocio es administrar la libertad de quienes tienen órdenes de captura y condiciones de vida de los que están adentro para aliviar la pesada carga que representa para el Estado tener que alimentar a la población carcelaria que consume por valor de 20.000 guaraníes diarios.

Si entraran todos los que deberían, eso sí sería un polvorín.

Aparentar justicia y ficcionar prisiones puede ser parte de un guion de cine; pero cuando es realidad constante no hay ministro sostenible en el cargo y menos carcelero que quiera abandonar su celda.