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domingo 12 de febrero de 2017, 02:00

De la ficción a la realidad: Robots dan cariño y hacen tareas pesadas

La inteligencia artificial dejó de ser ficción con la creación de robots de compañía y que hasta reemplazan al hombre en tareas cotidianas. En el Espacio Científico de Tsukuba, en Japón, cerca de 9.000 mentes brillantes de este punto asiático y el extranjero trabajan todos los días en el desarrollo de tecnología avanzada y exponen al mundo desde su centro de investigación científica, prácticamente todo lo que uno ha podido imaginar.

Han creado desde robots terapéuticos que dan cariño y responden a estímulos, hasta máquinas que desarrollan labores humanas y ya están desplazando a los hombres en grandes empresas al encargarse de trabajos pesados con eficiencia. Lo que –por cierto– ya despierta el recelo de la clase trabajadora que hoy se ve “amenazada”, ante la competencia de estas máquinas.

Los robots de cuidado se crearon pensando en las personas dependientes o de edad avanzada. Tienen la forma de leones marinos que reemplazan la compañía de los humanos o de las mascotas; realizan movimientos enternecedores y emiten expresiones afectuosas. Se cotizan a USD 4.000 (poco más de G. 22 millones al cambio actual) y a la fecha ya se vendieron unas 3.400 unidades.

En el laboratorio japonés, la neurociencia se hace tangible a través de neurocomunicadores concebidos para que personas que no pueden hablar logren expresarse por medio de cascos inteligentes.

Estas interfases son capaces de leer hasta 64 sentimientos o señales nerviosas, a través de un retransmisor competente. Se trata de una tecnología similar a la del genio físico Stephen Hawking, quien trabajó con la empresa Intel para desarrollar un software que le permite comunicarse cada vez con menor dificultad y mayor fluidez.

Esta gama creativa fue presentada a la prensa latina para divulgar más allá de la geografía nipona que la creatividad no tiene límites y que la ciencia camina a pasos de gigante.

Ecotecnología. La historia de este centro se remonta a 1882 y uno de sus inventos más populares es la fibra de carbón en 1950, pero comercializada hace poco. El fuselaje de un Boeing 787, por citar, está hecho con este material que le proporciona mayor ligereza, 20% menos de consumo de combustible y baja emisión de carbono. Es una de las invenciones que más recursos le generaron al instituto tecnológico.

Fórmula mágica. El endulzante artificial para la Coca Cola creado en 1960 salió de este centro y es uno de sus prodigios.

“Lo hicimos a petición de Estados Unidos luego de que rompiera relaciones de amistad con Cuba, que fue su primer proveedor. Aquí tenemos una de las recetas mágicas de la Coca Cola y la empresa –multimillonaria– pagó a nuestro centro en aquel entonces 1.400 millones de dólares porque quería esta patente”, contó Masaharu Takahasi, directivo del Espacio Científico.

Detector de cáncer. La salud es otro foco de investigación en Tsukuba. Hoy, cualquier japonés sabe en solo 17 minutos si tiene cáncer de hígado o no. Los científicos crearon una sustancia que les permite detectar de forma temprana este mal, mediante un simple análisis de sangre.

Para los nipones con seguro social es gratis, pero el costo llegaría a unos 600 yenes –equivalentes a G. 30.000–. Un extranjero también puede acceder al estudio, pero abonando un arancel distinto.

Los genios se dedicaron primero a este mal, pues en ese país padecen muchos casos de hepatitis A y B que pueden derivar en cáncer hepático.

Ahora están ocupados en crear un componente parecido para identificar a tiempo el cáncer de pulmón y otras complicaciones.

Es así como en Japón lo que hasta hace poco estaba reservado a la ficción se va convirtiendo en realidad.