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Opinión
domingo 17 de julio de 2016, 01:00

Curuguaty es solo la consecuencia

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

No creo en los tribunales populares. Según el relato bíblico, una multitud exculpó a Barrabás condenando a Jesús. Anécdotas como esa abundan en la historia. La culpabilidad o inocencia no se define a los gritos, en las calles, con pancartas o estribillos de protesta. Un crimen no se dilucida con activistas sociales ni políticos dando cátedra de derecho en los medios.

Eso es lo que está pasando con el caso de Curuguaty en el que se investiga la muerte de 17 personas en un hecho cruento que tuvo tremendas repercusiones políticas.

El proceso se convirtió en un partido de fútbol donde todos opinan sin haber siquiera presenciado el encuentro. En este caso, escuchamos todos los días sesudos análisis de boca de personas que jamás asistieron al juicio, un juicio oral y público que duró casi un año.

La mayoría de las consignas se basan en afirmaciones realizadas por algunas de las partes sin que hayan sido sometidas al rigor de las pruebas. La integración de las filas de los partidarios de una u otra versión de los hechos no puede ser más reveladora. Es obvio que la mayoría de quienes quieren creer en la culpabilidad de los campesinos a como dé lugar abonan la tesis de que los asesinatos formaban parte del avance de una izquierda violenta dispuesta a imponer su modelo a la fuerza.

En la vereda de enfrente, muchos de quienes afirman que no hay dudas sobre la inocencia de los acusados están convencidos de que el triunfo de su versión confirmará que la masacre fue un montaje para destituir a Lugo.

Y en medio de esta ensalada ideológica, están quienes tienen críticas realmente jurídicas y razonables sobre un proceso que adolece de todos los males que aquejan a nuestra justicia.

Y quiero arribar ahora al problema de fondo del caso Curuguaty, a la razón por la que la investigación sobre una matanza se convierte fácilmente en materia de juzgamiento de tribunales populares y mediáticos.

Es simple y obvio: nadie cree en la justicia paraguaya.

Curuguaty es apenas un síntoma más. Hay ciento de miles de casos Curuguaty. La sentencia carecía de credibilidad incluso antes de que fuera dictada. Si el fallo hubiera sido la absolución de los acusados, igual habría un sector convencido de que los liberaron solo por la presión mediática.

El caso estaba podrido antes de comenzar. Es imposible conseguir credibilidad en un fallo mientras no reformemos la justicia. ¿Cómo puede un fiscal, por más argumentos que esgrima, convencer a una población de la veracidad de su acusación, cuando los acusados son pobres y su contraparte poderosos latifundistas? ¿Cómo creer que los jueces no se vendieron cuando el dinero, el tráfico de influencias, los vínculos políticos y el sexo siguen siendo los mejores argumentos para conseguir una sentencia?

¿Cómo creer en un juez que apareció esposado, acusado de una coima? ¿Cómo creer en un ministerio público cuyos miembros necesitan de la clase política para ser nombrados, para seguir en el cargo o para no ser destituidos?

La cuestión no es si los campesinos del caso Curuguaty son hallados culpables o inocentes, la cuestión es que como sea no creeremos en el fallo, porque sencillamente no creemos en la justicia.