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Opinión
sábado 23 de julio de 2016, 01:00

Cuarteles sin soldados

Por Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Recorríamos la zona fronteriza del también entonces seco río Pilcomayo, en el lado argentino, siguiendo la carretera 86 de la provincia de Formosa, cuando decidimos cruzar al Paraguay y así llegamos hasta el Fortín Teniente Esteban Martínez, a 300 kilómetros al norte de Asunción.

Era un gran cuartel militar, polvoriento y abandonado, con las casetas de vigilancia totalmente vacías. Nos llamó la atención que en toda la instalación solo estaban un subteniente y tres sargentos, pero ni un solo soldado.

"¿Están todos de licencia?", pregunté al subteniente que ejercía de comandante. Con cierta vergüenza respondió que no, que desde que se estableció la objeción de conciencia, la mayoría de los jóvenes ya no querían hacer el servicio militar obligatorio y de los pocos que acudían a los cuarteles, a ellos ya no les alcanzaba ninguno.

Eso fue en el 2005. Hasta entonces no había percibido la dimensión de la crisis que fue consumiendo a las Fuerzas Armadas paraguayas, luego de tantas décadas de que sus principales jefes fueron el aval de criminales dictaduras, brazo armado de sangrientas represiones, socios de mafias de contrabando y narcotráfico.

La figura del servicio militar obligatorio (SMO) arrastraba una aureola cultural machista y militarista que aún tiene ecos en la sociedad: Hay que ir al cuartel para "hacerse hombres", para aprender disciplina y moral. Pero la realidad era otra: Jóvenes campesinos arreados a la fuerza, en muchos casos aún niños, sometidos a maltratos crueles. Desde la caída de la dictadura, 147 niños soldados murieron en los cuarteles, en circunstancias no aclaradas. Por algunos de estos casos, el Estado paraguayo fue sancionado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En enero de 1996 publicamos en ÚH un reportaje investigativo que demostró cómo era fácil comprar la libreta de baja de un copetín vecino a las oficinas militares, por solo 300.000 guaraníes. Fue el golpe de gracia a un desacreditado sistema.

Desde entonces, muchos cuarteles permanecen vacíos de soldados. Aunque hay una ley que reglamenta la objeción de conciencia, estableciendo la obligatoriedad de un servicio civil sustitutivo, nunca lo pudieron aplicar en la práctica.

Ahora, para mayor bochorno, otra investigación de ÚH y Latele demostró el retorno de los famosos "arreos" tras un supuesto trabajo de "inteligencia", con vehículos particulares, para detectar jóvenes en edad para el SMO.

La sociedad y en especial la clase política necesitan debatir qué modelo de Fuerzas Armadas requiere el Paraguay actual. Mantener vigente un sistema obsoleto, mal presupuestado y con resabios autoritarios, solamente nos deja anclados en un militarismo antiguo y decadente.