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jueves 20 de julio de 2017, 01:00

“Cuando sea mayor quiero ser un imbécil”

“Pero hijo, ¿cómo me dices eso?”. “Papá, tu siempre me estás diciendo: Mira ese imbécil que ni acabó el bachillerato y tiene tres coches, mira ese imbécil que entró en el partido y gana millones como planillero. Yo quiero ser como ellos”.

Esta visión de la vida que los adultos damos a la juventud es grave. Nuestro testimonio y modo de vivir los está destrozando. Les quemamos los ideales al que comienza la vida y les enseñamos el camino de entrar en ella por una puerta falsa. ¡Que luego no nos quejemos!

El papa Francisco en su visita al Paraguay nos mostró otro modo de ver la vida.

En lugar de someternos y aprovecharnos del sistema, nos dijo que lucháramos contra él. Negáramos lo que tiene de corrupción. Denunciáramos los que crecen robando al Estado. Nos organizáramos para consolidar una democracia de verdad, no la formal que tenemos. Fuéramos fuertes. Y a hacer todo eso, los llama “líos”. “¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen. Las dos cosas: hagan lío y organícenlo bien”. Dijo el papa Francisco a la juventud.

De acuerdo al diccionario “hacer lío” puede ser una situación o problema de difícil solución. No se dice con esto que sea imposible de solucionar, pero sí que tiene la fuerza de su importancia para lograr algo.

Esta fuerza brota como espontáneamente del joven. Pero tiene que ser un joven que no solo la tiene sino que es capaz de organizarla para lograr lo que quiere. Sin caer en manos de otros (tal vez adultos) que los usen. Sin perder la visión del conjunto, que se asume también en cada lío concreto.

Con capacidad de constancia y de espíritu crítico que no son fáciles, porque el joven haciendo líos, se está al mismo tiempo haciéndose a sí mismo en ellos. Algo maravilloso.

¡Gracias, papa Francisco!