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Opinión
domingo 2 de abril de 2017, 01:00

Crimen

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Nunca ni el peor de los asesores del gobierno hubiera podido recomendar lo que hicieron el mismo día que presentaban una dudosa "marca país" ante decenas de visitantes. No les importó para nada el momento ni las circunstancias. Decidieron marchar contra todo lo que se les oponía y 5 meses después que el propio Cartes afirmara que la enmienda no tenía consenso ni sustento jurídico convincente y que su discusión solo traería "división y crispación" y le agregó violencia y muerte, apuñalaron la democracia. El daño a la República es irreparable. Somos una república bananera.

No les importó nada a los 25 senadores que impulsaron un proyecto en un ámbito ilegal y con alevosía perpetraron el asalto al punto que sus cómplices los diputados, que rechazaron mayoritariamente el procedimiento con anterioridad, decidieron apoyar y complicarse en el mismo día con el "crimen constitucional". Los mismos que se habían opuesto al proyecto para Duarte Frutos y el propio Lugo, ahora se unieron a los que han tirado al tacho de basura el documento más importante de un país: su Constitución, sobre la cual se juramentaron.

Pobre Paraguay, con una clase dirigente que no está a la altura de sus aspiraciones y menos de sus potencialidades. Pobre nación en la que algunos de sus hijos pretenden acabar con ella comportándose de una manera burda, grosera y grotesca. Qué pena el comportamiento de otros como Yoyito Franco y cómplices que terminaron por montarse a un barco que ahora viaja a la deriva. Este país salvajemente conservador que solo se sacude ante la muerte ya comienza a contar sus víctimas. Los victimarios parecen no darse cuenta.

Como sociedad tenemos una visión clara de esta dirigencia política que en mayoría perpetró el asalto. Algunos dirán que entre los que se opusieron estaban muchos que tampoco tienen credenciales éticas para demandar nada. Pero con esto los pueden terminar en convertir en mártires. Y eso, todavía es peor. No le queda otra a la sociedad que formar un gran arco cívico nacional para oponerse al mamarracho que han decidido llamar enmienda y luego convocar a referéndum. No me extrañaría que obvien incluso la proscripta convocatoria social para estos temas. Son capaces de todo.

Un ausente mandatario se ha recluido en un silencio cómplice. Luego de la quema del Congreso, debe salir y enfrentar la situación antes que terminen acabando con su gobierno.

El que resulta electo y que haya motivado esta ruptura solo podrá gobernar por la fuerza. Este precedente nos acerca muchísimo a la desgraciada Venezuela y no nos asuste que se podrá incluso cambiar el nombre de la nación y establecer una monarquía, si finalmente "la marca país" es lo burdo y degradado de entender la República y sus instituciones.

Es el tiempo de despacharlos de la arena política a estos que aún creen que a este país se lo compra, se lo vende y se lo engaña con facilidad. Es el gran momento de la ciudadanía. Es el tiempo de la renovación completa de la clase dirigente nacional. Esta no puede más, estamos mostrando el peor rostro de un país que debiera ser serio, pacífico y previsible.

Los idus de marzo han vuelto a revolotear sobre esta desgraciada tierra donde claramente el infortunio encontró su amante. Estamos consternados por este alevoso crimen perpetrado contra la República. Han relativizado la furia e indignación ciudadana y esto no tiene retroceso.

Solo la sociedad de pie y con dignidad puede gritar a los usurpadores que se vayan de los lugares que ilegal e inmoralmente ocupan. Basta de provocar al país con una petición reeleccionaria. Ahora Lugo, Llano, Cartes y sus cómplices tienen las manos manchadas de sangre.

Solo el pueblo unido redime a un país fragmentado, vejado y humillado. No nos queda otra como República que purgar el cuerpo de los elementos que podrían acabar con nosotros. Es un asunto de vida o muerte.