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Opinión
domingo 5 de marzo de 2017, 01:00

Corte

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Como si no fuera suficiente el tremendo lío que ha generado el deseo de violar la Constitución por el vatio indebido (conducto inapropiado) de la enmienda, colocando a la República al borde de la ruptura, ahora la Corte Suprema ha decidido aportar al quiebre con una resolución sin fundamentos ni certeza en el tema de los bonos.

Ha pasado anteriormente, cuando Nicanor Duarte Frutos avasalló las instituciones con un grave costo; primero a ellas y luego personalmente, en su deseo de jurar como senador.

Están probando la resistencia democrática.

Como estas tierras no parecen nunca querer aprender de experiencias ajenas, ahora nos vemos enfrentados a iguales escenarios.

Solo falta que salte el espontáneo y se convierta en presidente. Todas las condiciones están dadas. Partidos políticos desgastados, institucionalidad rebajada, ministros de la Corte enjuiciados políticamente, actores sospechosos de recibir dinero de aquí y de allá, y en el medio, una sociedad descreída, que mira esta ópera bufa con desprecio y repudio.

Los números de algunas encuestas son claros y piden un corte a todo esto.

Los socios de la intentona violatoria ahora están en contra del mismo Ejecutivo, que impulsa el camino de la enmienda y este habrá hecho los cálculos de inversión, que resulta mucho más barato y expeditivo ir por tres ministros de la Corte que por 24 senadores y 50 diputados.

De ahí que saltara en la semana la acusación de un oficialista, acusando a un opositor de recibir 100.000 dólares por mes. Quizás enojado por la porción que les toca a él y a los otros que hacen parte del plan.

La propia senadora Esperanza Martínez, que justifica la violación de la Constitución, porque después de Lugo solo queda el diluvio, ahora carga contra el Ejecutivo, autorizando al opositor presidente del Congreso a recorrer el mundo y a gritar a quien lo quiera oír, que los bonos soberanos son ilegales y que quien los compre debe cargar con sus consecuencias.

Igual que los gobiernos anteriores, lo que menos parece importar son los temas de la gente. La educación hace agua, la salud muestra su rostro lacerante y los casos de corrupción no cesan de emerger.

Cada vez serán más, si no logra el Gobierno poner punto a final a esta circunstancia que amenaza con desbarrancar la democracia, cargándose a su paso a cualquier institución que se le ponga enfrente.

En el vecino Brasil, la Justicia está procurando limpiar la cloaca a cielo abierto que es la política criolla. Aquí se presta a un juego perverso, cuyas consecuencias pueden ser gravísimas para todos.

La amenaza de violar la Constitución ha mantenido en vilo al país, pero el plan parece encauzarse hacia la Corte, porque los costos son más bajos y la certeza de sus fallos finalmente afectará a unos tres cuyas cabezas no serán lloradas por nadie.

Pero claramente lo que la sociedad paraguaya anhela es un corte no solo a la Corte, sino a los cortesanos que no se animan a decirle al rey que está... desnudo.