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viernes 29 de julio de 2016, 01:00

Cortar la corrupción que da poder a narcos en las cárceles

Las revelaciones sobre los lujos y privilegios de que gozaba el capo Jarvis Chimenes Pavão en la Penitenciaría de Tacumbú, con la evidente complicidad y protección de autoridades, confirma la vigencia de una gran estructura de corrupción, que permite a los reclusos vinculados a investigaciones sobre narcotráfico seguir manejando impunemente sus operaciones desde las cárceles. Cuesta creer que las más altas cúpulas del Gobierno ignoraban esta situación, ya que la misma se denunció varias veces a través de la prensa. El simple cambio del lugar de reclusión o la sustitución de algunos altos funcionarios no soluciona el problema. Hay que cortar de raíz la corrupción que les da poder a los narcos en las cárceles.

En varias ocasiones se denunció la anomalía de que algunos presos, principalmente procesados por crímenes como lavado de dinero y vinculados a investigaciones sobre narcotráfico, permanecían recluidos en las llamadas celdas vip, provistos de cuantiosos lujos y privilegios, desde donde seguían manejando impunemente sus operaciones delictivas.

En los últimos años hubo varios casos revelados a través de la prensa. En junio de 2015 se mostró que los procesados por narcotráfico, Tomás Rojas Cañete, alias Toma'i, y Carlos Caballero, alias Capilo, gozaban de celdas vip, el primero en la cárcel de Tacumbú y el segundo en la Agrupación Especializada de la Policía Nacional, con libre acceso a teléfonos celulares y conexiones a internet, entre otros privilegios.

En julio de 2015 se denunció que el entonces recluso Rubén Sánchez Garcete, alias Chicharõ, diputado suplente del Partido Colorado por Amambay, procesado por lavado de dinero, había llegado a montar libremente un puesto comando en su celda de Tacumbú, desde donde dirigía personalmente, a través de equipos de comunicación conectados a internet, la campaña electoral de su hermano, Denilso Sánchez, en las internas de la ANR, celebrando su victoria electoral como precandidato a intendente municipal de Capitán Bado, y luego como intendente electo, a pesar de ser también en su momento un prófugo de la Justicia.

Acerca del capo Jarvis Chimenes Pavão, condenado en Paraguay por lavado de dinero y en Brasil por narcotráfico, se han conocido testimonios de que el mismo seguía manejando sus operaciones desde la cárcel, pero aun así las recientemente divulgadas imágenes de su lujosa celda y los detalles revelados acerca de cómo las autoridades carcelarias le permitían disponer de todos los privilegios han causado sorpresa, indignación y alarma en la ciudadanía, ya que muestran el gran nivel de penetración del narcotráfico en las estructuras del Estado.

Resulta difícil de creer que las más altas cúpulas del Gobierno no sabían que un poder criminal paralelo opera desde adentro de las cárceles, con la abierta complacencia y complicidad de quienes debían ejercer los controles para evitarlo.

Ya en enero de 2015, la Dirección General de Establecimientos Penitenciarios anunció que se iban a desmantelar las celdas vip en Tacumbú, algo que evidentemente no se cumplió.

De todos modos, es plausible que al fin se haya tomado la decisión de desalojar a Chimenes Pavão de su privilegiado alojamiento, pero el simple cambio del lugar de reclusión o la sustitución de algunos altos funcionarios no soluciona el problema. Hay que cortar de raíz la corrupción que le da poder a los narcos en las cárceles.