“Yo no quiero wifi, quiero llegar a fin de mes, no quiero gastar la vida en la parada”. Esto que tuiteaba una persona resume la frustración que sentimos quienes debemos tomar todos los días un bus que nos lleve al trabajo, la escuela, el colegio, la facultad, el estadio o cualquier lugar al que deseemos ir.
La renovación de la flota de ómnibus trae aparejada varios cuestionamientos. El primero de ellos es el costo del pasaje de buses diferenciales. El Gobierno tomó la decisión de adjudicar algunos itinerarios a empresas que ofrecen el 100% de buses diferenciales, sin siquiera analizar que estos buses tienen paradas en barrios alejados de cualquier ruta nacional o internacional y, por ende, con gran parte de su población de escasos recursos.
¿Cuánto le costará a un asalariado enviar a sus hijos a la escuela o a cualquier actividad a sabiendas de que muchos de los choferes no aceptan el boleto estudiantil? ¿Analizó alguien de la “selección nacional” que es necesario contar con un servicio convencional, a un precio menor, para que aquellas personas cuyos ingresos son exiguos puedan trasladarse? La implementación del servicio diferencial es una suba del pasaje disfrazada de un servicio que tampoco brinda la calidad prometida.
Y aquí viene el segundo cuestionamiento: muchos comenzaron a regular la temperatura del aire acondicionado de los buses, pues con esto se gasta menos combustible, con lo cual transportarse en un ómnibus lleno en horario diurno se vuelve una tortura que incluye sudoración excesiva y malos olores.
Otro cuestionamiento es la falta de control. Las empresas de transporte no cumplen con la frecuencia y el itinerario prometidos y no existe una entidad o mecanismo de control conocido y efectivo que permita al usuario saber que su queja será atendida.
Esperar un bus puede llevar cinco minutos o media hora, en muchos casos, sin la seguridad de que en horario nocturno dispondrá del último bus que sale de la parada de Asunción hacia las ciudades vecinas.
Otro problema es que los buses diferenciales se convirtieron en discotecas ambulantes. Aunque hubo promesas de que los pasajeros por fin podrían viajar con música ambiente, la realidad es que el volumen elevado de los programas radiales impide el descanso que el usuario del transporte público se merece.
Si bien es importante que el usuario del transporte público cuente con un servicio diferencial, es más importante aún que disponga de alternativas que se ajusten a su bolsillo. Además, el Gobierno debe insistir en el control, para que las empresas que cobren por un servicio diferencial cumplan con lo prometido.