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viernes 21 de abril de 2017, 01:00

Constancia en el apostolado

Hoy meditamos el evangelio según San Juan 21, 1-14. Jesús llamó a los Apóstoles conociendo sus defectos. Los quiere como son.

El Señor también ha previsto los momentos y el modo de santificar a cada uno, respetando su personal correspondencia. A nosotros nos toca ser buenos canales por los que llega la gracia del Señor, facilitar la acción del Espíritu Santo en nuestros amigos, parientes, conocidos y colegas..

Pidamos a Santa María que nos ayude a imitar a Jesús, de modo que en la amistad no seamos “un elemento pasivo tan solo. Tienes que convertirte en verdadero amigo de tus amigos: ‘ayudarles’. Primero, con el ejemplo de tu conducta. Y luego, con tu consejo y con el ascendiente queda la intimidad”.

El papa Francisco, a propósito del evangelio de hoy dijo: “Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras.

Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.

Pero todo esto solamente es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es él quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino, nos ha elegido. Anunciar y dar testimonio es posible únicamente si estamos junto a él, justamente como Pedro, Juan y los otros discípulos estaban en torno a Jesús resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercanía cotidiana con él, y ellos saben muy bien quién es, lo conocen.

El evangelista subraya que “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”. Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como ‘el Señor’. ¡Adorarlo!”.

(Del libro Hablar con Dios, y http://es.catholic.net )