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Opinión
sábado 27 de mayo de 2017, 02:00

Conozca el hachís del Amambay

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

En la madrugada del pasado miércoles una comitiva policial que buscaba a miembros del EPP en una zona inhóspita del Amambay, limítrofe con el Departamento de San Pedro, fue recibida a balazos. Los uniformados, superiores en número y armamento, apresaron a 18 delincuentes y suponen que otros treinta lograron huir. Pero lo que encontraron con los primeros rayos del sol fue sorprendente.

Se trataba de un complejo laboratorio de procesamiento de drogas ubicado al pie de un cerro y distribuido en cinco campamentos en los que había 10.000 kilos de marihuana picada, un sistema de energía eléctrica trifásica con wifi incluido, y numerosos artefactos como 25 congeladoras grandes. Además se incautaron varios vehículos, motocicletas, armas y municiones. Un laboratorio de este tipo no había sido visto antes en nuestro país, pues sirve para producir una droga novedosa que no se consume internamente: el hachís. Este producto, más costoso que la marihuana, se obtiene a partir de la resina del cannabis, se purifica a través de separación con hielo y se fuma en cigarrillos o pipas. Históricamente solo era consumido en Marruecos y la región del Rift. Hace medio siglo Marruecos se convirtió en el paraíso del hachís, que comenzó a tener una creciente demanda en los países de Europa. Allí ingresa en veloces lanchas neumáticas que cruzan los escasos 14 kilómetros que lo separan de la costa andaluza.

Dos décadas atrás la consumían en el Brasil solo inmigrantes y turistas adinerados. Luego apareció un mercado ilegal que tenía como usuarios a jóvenes urbanos y de clases acomodadas que huían de la macoña prensada y de baja calidad para degustar la pureza y diversidad del hachís proveniente de España. Hace dos o tres años el hachís empezó a encontrarse en las bocas de fumo de zonas populares y a precios y calidad inferiores al ofrecido en los barrios nobles.

Hoy es un producto en plena expansión en las favelas de Río de Janeiro y en las áreas pobres de São Paulo. La Policía brasileña desconocía su modo de extracción, aunque apuntaba al sospechoso de siempre: el Paraguay.

El hallazgo del megalaboratorio de colonia Piray confirma la rapidez con la que nuestros narcos se adaptan a las nuevas exigencias del mercado. Aunque todavía se desconocen los detalles, es casi seguro que este ambicioso proyecto fue posible gracias a una eficaz alianza público-privada entre PCC, EPP y la Policía Nacional.

Como todo emprendimiento nuevo, hay aspectos de la calidad del producto que deben ser mejorados, pero eso es solo cuestión de tiempo. Nuestra marihuana, considerada hoy como la más apreciada del mundo, tampoco llegó a ese pedestal del día a la noche.

Una vez más, desconocidos emprendedores reafirman con este producto nuestra marca país ante el mundo.