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lunes 1 de agosto de 2016, 01:00

“Condenado injustamente, me liberaste”

El fundamento de hacer de la condena injusta de campesinos inocentes por la masacre de Curuguaty una causa nacional está en todos nosotros paraguayos y paraguayas.

Es el sentimiento de humanidad solidaria que nos distingue como pueblo. Nace de los profundos sufrimientos que colectivamente hemos sufrido en la guerra grande y luego individualmente en las circunstancias de la vida, en circunstancias nada fáciles que nos han impuesto.

Pero además en todos los que somos seguidores de Jesús como cristianos, mayoría paraguaya, existe una segunda motivación para estar con los campesinos condenados inocentes de Curuguaty: la identificación de Jesús con los más pobres y abandonados del mundo.

En el evangelio de Mateo 25,31-46, se nos dice que seremos valorados ante Dios ante todo por lo que hicimos en favor del prójimo, especialmente del más necesitado. “Estaba hambriento, preso, abandonado, condenado... Y vos me ayudaste”.

Jesús se identifica con todos los que sufren, con todos los empobrecidos del mundo. Con todos los que sufren injusticia en el Paraguay de una justicia corrompida, que de ella no tiene ni el nombre.

Los instigadores de la masacre y sus subalternos, en Marina Cué el 15 de junio del 2012, desprecian a los que estamos a favor de estos campesinos inocentes llamándonos zurdos, comunistas, etc. En su mundo egoísta no entienden que ser solidarios con los inocentes es un honor y la mejor actitud en la vida.

Además, Jesús de Nazaret viviendo en la tierra ahora, denunciaría los 17 asesinatos de policías y campesinos y defendería a los condenados por un Tribunal de Sentencia vendido a los latifundistas y a los politiqueros.

Por si alguien todavía lo duda, y con miles de paraguayos y paraguayas, decimos públicamente que estamos con los campesinos muertos o condenados injustamente de Curuguaty porque queremos ser humanos y, si somos creyentes, porque en eso consiste el ser cristianos.