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Opinión
sábado 15 de julio de 2017, 01:00

Concierto para violín, arpa, libertad y dignidad

Andrés Colmán Gutiérrez – Tw: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Hace quince años, a la sombra de un frondoso árbol, en la región de Caacupé, un grupo de chicos y de chicas empezaban a hacer sonar los primeros violines, cellos, trompetas, arpas y guitarras, bajo la dirección de un rubio y melenudo director de orquesta.

Curiosos y admirados, los pobladores observaban esos instrumentos musicales, algunos de los cuales nunca antes habían visto. Al principio, los sonidos brotaban estridentes y desafinados, pero de a poco el director rubio melenudo iba logrando ajustar los tonos, hasta hacer brotar una alegre melodía que resultó conocida.

Era agosto de 2002. La melodía era la Novena Sinfonía de Beethoven, también llamada Himno de la Alegría, y el director rubio melenudo no era otro que el maestro Luis Szarán. Aquella orquesta yvyraguy era la primera de un proyecto todavía en pañales, que empezaba a conocerse como Sonidos de la Tierra.

Así, por los polvorientos caminos de las aldeas y los pueblos más alejados del Paraguay empezaron a verse a niños, niñas y jóvenes, caminando kilómetros con un estuche de guitarra, violín o arpa a cuestas. El conservatorio sobre ruedas llegaba a los rincones más remotos. En los sitios más impensados nacía una orquesta sinfónica.

"El joven que durante el día interpreta a Mozart, por la noche no romperá vidrieras", fue la frase que motivó a Szarán a crear el mayor proyecto de educación a través del arte, que en estos 15 años benefició a unos 18.000 niños, niñas y jóvenes de 212 localidades, en 16 departamentos del Paraguay, y movilizó a familiares, vecinos, docentes y autoridades, en un proceso de formar comunidades emprendedoras, ayudando a crear nuevos valores de ciudadanía.

En este laborioso proceso, aquel director rubio y melenudo encontró a valiosos aliados, como Lucha Abatte, directora de la Asociación Tierranuestra y su dinámico equipo, y ayudó a formar a una nueva generación de directores de orquesta como Elio Fleitas, Willian Aguayo, Marta Medina, entre tantos más.

Sin más ideologías ni banderas que la pasión por la música y la humanidad, Sonidos de la Tierra sigue siendo la mejor noticia en un país todavía tan contaminado de mafias, de corrupción y aventuras políticas totalitarias.

Del 18 al 21 de julio, en la estación Tacuaral y el Estadio Bicentenario, en la ciudad de Ypacaraí, una melodiosa multitud proveniente de diversos lugares del país celebrará un seminario y festivales, que cerrarán con un gran concierto, a cargo de una megaorquesta y un megacoro, el viernes 21, repasando la historia de estos 15 años. Será un gran concierto para violín, arpa, libertad y dignidad.