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martes 22 de noviembre de 2016, 01:00

Con los pies de barro

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 21, 5-11.

… Pero los pies los tendremos siempre de barro, con la posibilidad de caer al suelo si olvidamos esta debilidad del fundamento humano, de la que, por otra parte, tenemos sobrada experiencia.

Este conocimiento del frágil material que nos sostiene nos debe volver prudentes y humildes. Solo quien es consciente de esta debilidad no se fiará de sí mismo y buscará la fortaleza en el Señor, en la oración diaria, en el espíritu de mortificación, en la firmeza de la dirección espiritual. De esta forma, las propias fragilidades servirán para afianzar nuestra perseverancia, pues nos volverán más humildes y aumentarán nuestra confianza en la misericordia divina. Conocemos bien la realidad de las palabras de San Agustín: “No hay pecado ni crimen cometido por otro hombre que yo no sea capaz de cometer por razón de mi fragilidad; y si aún no lo he cometido es porque Dios, en su misericordia, no lo ha permitido y me ha preservado del mal”.

La experiencia de los propios errores hace presente lo inestable de nuestras disposiciones personales y la realidad de la fragilidad humana: “Muchas tentaciones, muchos tropiezos salen al paso de los que quieren actuar conforme a Dios”.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “Jesús dijo: ‘Esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida’”.

Naturalmente le preguntan: ¿cuándo sucederá esto?, ¿cuáles serán los signos? Pero Jesús dirige la atención de estos aspectos secundarios –¿cuándo será?, ¿cómo será?– a las verdaderas cuestiones. Y son dos:

Primero: No dejarse engañar por falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: Vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor. Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el siglo XXI. Él nos repite: “Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre… Es una invitación al discernimiento…”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op/articulos/10454/cat/331/no-se-dejen-enganar.html).