4 de diciembre
Domingo
Parcialmente nublado
19°
31°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Miércoles
Mayormente nublado
23°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
domingo 27 de noviembre de 2016, 01:00

Comprar la Torre Eiffel

Por Guido Rodríguez Alcalá

Un empresario compró la Torre Eiffel. Entiéndase pagó por ella, pero cuando quiso hacer la escritura de transferencia le dijeron que no, que se trataba de un bien del Estado, de los que no están en venta. Al hombre lo estafaron y tuvo que callarse porque, si le iniciaba un juicio al estafador, iba a ser el hazmerreír y su prestigio empresarial se terminaba.

Pasó hace mucho tiempo, pero el principio sigue siendo el mismo: no hay compraventa de los bienes del Estado. Excepto en el Paraguay, donde siempre existe alguna jurisprudencia cachiái, como la de Guahory: unos brasiguayos compraron tierras públicas que no podían comprar; el Indert dijo que había que perdonarlos, porque actuaron de buena fe. Otra jurisprudencia local es la interpretación de la usucapión. La usucapión es la adquisición de la propiedad por el transcurso del tiempo. Si alguien tiene una propiedad y se la ocupan sin que él haga nada, pasado cierto tiempo el ocupante la adquiere por usucapión. La usucapión no existe tratándose de terrenos del Estado, excepto en el caso de Marina Cué, donde el finado señor Riquelme adquirió una propiedad del Estado por usucapión.

La usucapión era mau, hasta en el Paraguay, por lo que se requirió de otro juicio para conservar la propiedad ocupada. El juicio todavía no ha terminado, pero un tribunal declaró que Marina Cué pertenece a los herederos de Riquelme y condenó a varios campesinos como a presuntos ocupantes de dicha propiedad. Esto a pesar de que el Congreso paraguayo, por ley, declaró que Marina Cué es una reserva natural del Estado; lo declaró hace un año, pero nadie ha visto la escritura de transferencia de la propiedad de Riquelme (que no era de Riquelme) a favor del Estado paraguayo (que ya era propietario antes de la ley).

Así se crea una gran confusión legal, donde rige el principio de entre bueyes no hay cornadas y entre estancieros tampoco. Cuando el ocupante ilegal de tierras públicas es un latifundista, puede valer el recurso de amparo, la inconstitucionalidad, la usucapión o el sarampión. Un amigo muy zafado dijo que la Justicia está en venta y es más barata que una chipa, ¡ojalá! Si fuera así, estaría al alcance del pueblo, ya que la chipa es una comida popular. Pero Astrea, tolerante o complaciente con los ricos, es negligente o implacable con los pobres. Según informó Última Hora el viernes 25, un grupo de brasileños invadió y destruyó la tierra de los nativos de Puerto Esperanza. No serían los únicos ni los primeros destructores, que tampoco se limitan a una nacionalidad; podemos anticipar la impunidad de los invasores.

El Chaco paraguayo se ve sometido a una deforestación salvaje, sin que los funcionarios competentes intervengan.

Ellos se declaran grandes nacionalistas, patriotas de la gran p... (literalmente), pero hacen poco para detener el atropello a los seres humanos y a la tierra; para impedir una depredación denunciada por universidades y publicaciones extranjeras.

¿La consecuencia? La creciente desertificación del Chaco, constatable en fotografías satelitales. Una reciente declaración de la FAO afirma que el mundo tiene solo 60 años de tierra productiva si no cambia su modo de utilizar la tierra; se trata de un promedio, y quizás nosotros destruyamos la nuestra mucho antes.