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martes 20 de septiembre de 2016, 01:00

Citadinos conociendo la comunidad campesina

Quienes soñamos en un Paraguay en el que quepamos todos, para llevarlo a la práctica tenemos el deber de incentivar el mutuo conocimiento. Por eso, viviendo en Asunción, con mis conciudadanos citadinos tenemos el deber de estudiar y conocer la comunidad campesina y viciversa.

Encabezando a varios autores nuestro gran amigo Tomás Palau, al que tanto echamos de menos, escribieron en el 2007 “Los refugiados del modelo agroexportador” en Base-Is. Para animar a su lectura adelanto varios datos de esta obra, una amplia encuesta sobre temas de comunidades campesinas golpeadas por el modelo agroexportador.

En todo lo que expongo hago referencia a las violaciones y cumplimientos de los Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC).

El avance actual del modelo de agricultura basada en el monocultivo es inherente al proceso mismo de violación de los Derechos.

Los campesinos que producen los alimentos esenciales para la población del Paraguay son los que tienen que dejar sus tierras.

La respuesta más frecuente es que dejan sus tierras “por falta de perspectivas de futuro” que por “motivos económicos”.

El 85,6% de los que salen del campo tienen menos de 25 años. En la ciudad a donde emigran , luego el 57, 2% declaran que están igual o peor que antes de salir.

La vivienda es de menor calidad, pero disfrutan de comodidades que no tenían.

El 62% de los emigrados siguen en la ciudad sintiéndose campesinos. Esto supone un conflicto entre el sentimiento campesino y la negación de la relación con la tierra que es esencial para el campesino.

Los que no emigran y resisten a las fumigaciones y abandono gubernamental tienen la sensación de estar constantemente amenazados y condenados a la desaparición.

Son las organizaciones campesinas las únicas eficaces para mantener en el interior a los campesinos amenazados por el monocultivo.

Agradecemos a Tomás Palau por este libro, y aprovecho para recomendar su lectura a todos.