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Mundo
sábado 22 de abril de 2017, 03:12

Cisternas caseras dan vida a tierras secas de Sudamérica

Roma, 22 abr (EFE).- En el nordeste brasileño funcionan más de un millón de cisternas que han ayudado a las familias a esquivar los peores efectos de la sequía y a hacer revivir sus tierras con un modelo que ya replican otras partes de Sudamérica.

En vez de desperdiciar recursos luchando contra un fenómeno natural, la gente de esa región optó por "cambiar de lógica" y aprender a convivir con él.

"Hemos tenido 72 sequías desde 1500. En el nordeste llueve a menudo, el problema es que no se podía almacenar esa agua, pero con la cisterna se guarda aunque llueva poco", apunta a Efe Antonio Barbosa, de Articulación Semiárido Brasileño (ASA), un conjunto de organizaciones civiles involucradas en la construcción de depósitos.

El coordinador de esa red presentó esta semana en Roma los resultados de un proyecto que empezó en 1999 como una iniciativa social y que ha facilitado cisternas en los hogares de más de cuatro millones de personas en las zonas semiáridas de Brasil para beber agua o cultivar.

Así evitan también tener que pasar los 36 días al año que antes dedicaban de media a la búsqueda de agua.

"Es una forma de manejar los recursos hídricos y preservar la naturaleza", aseguró Barbosa, para quien quizás el mayor avance ha sido poner fin a las muertes que solía llevar aparejada antiguamente la falta de lluvias en la parte más pobre de Brasil.

Y eso que actualmente el "sertão", como se conoce a esa zona agreste del país, sufre su peor sequía de las últimas décadas, un drama que dura ya cinco años y al que muchos sobreviven con el agua de los camiones cisterna.

Barbosa reconoce que sin el apoyo del Gobierno las comunidades no podrían haber construido sus propios depósitos y otras obras que también están recibiendo aportaciones individuales, del sector privado y de la cooperación internacional.

Pero remarca que muchas de las soluciones "ya existen" a nivel local, en la forma en que se relacionan las familias con el ambiente, y solo hay que identificarlas, sistematizarlas y hacer política con ellas.

Su consejo: empezar pensando en las comunidades e ir ampliando la perspectiva.

"Estamos cansados de los proyectos pilotos. Quienes padecen hambre y sed no quieren recibir asistencia, sino participar" en la solución de sus problemas, apunta.

Además de las cisternas levantadas a bajo costo junto a las casas, han creado silos de semillas y alimentos, presas subterráneas, depósitos en escuelas rurales y bombas de agua.

De estas alternativas han tomado nota en el Gran Chaco sudamericano, una vasta región boscosa, seca y empobrecida, repartida entre Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil.

La argentina Fabiana Menn participa en la iniciativa Redes Chaco, que se ha asociado con ASA para intercambiar experiencias.

En su presentación sostiene que han imitado el proyecto de cisternas, complementándolas con inversiones más grandes, como un gran acueducto con ayuda del Banco Mundial para llegar a más usuarios.

Pretenden sacar a 50.000 personas de la pobreza antes de 2020 introduciendo "innovaciones tecnológicas" en el desempeño de tareas tradicionales que ya realizaban como la artesanía, la ganadería o la apicultura.

Por el momento, dice, han restaurado 3.000 hectáreas de bosque nativo y han impulsado empresas locales de producción de muebles, harina de algarroba y carbón ecológico.

Las ansias de desarrollo se repiten entre los 53 millones de personas que se calcula que viven en zonas semiáridas y, a menudo marginadas, de Latinoamérica y el Caribe.

Gabriel Seghezzo, miembro de la Plataforma Semiáridos de América Latina, apuesta por conectar a la sociedad civil con los gobiernos y las organizaciones internacionales con vistas a generar cambios sociales y económicos.

No se trata solo de manejar el agua escasa y los recursos naturales, sino también de mejorar las condiciones de vida en el campo, afirma el experto de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Eduardo Mansur.

Y pone el acento en la colaboración entre países en desarrollo: "La cooperación Sur-Sur ofrece grandes oportunidades a la hora de compartir en otras regiones iniciativas pragmáticas, adaptables y de mayor alcance".

Belén Delgado