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Opinión
viernes 24 de febrero de 2017, 02:00

Charlas en la pizzería

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Publicaron que se reabre la pizzería O sole mio de la Fundación San Rafael. Enhorabuena. De ese espacio tengo muy buenos recuerdos. Se trata de una de las ideas del padre Aldo Trento y sus amigos de la parroquia, entre tantas obras interesantes de la Fundación que dirige, como la clínica de enfermos terminales que conoció el papa Francisco en su visita al Paraguay.

Recuerdo que la idea de abrir la pizzería se debió a que unas allegadas le manifestaron al cura que querían ir a España a probar suerte, trabajar y enviar dinero a sus familias, como tantas paraguayas estaban haciendo en ese momento. El padre les desaconsejó abandonar a sus familias porque el dinero que consiguieran enviar no cubriría todas las necesidades y los agujeros emocionales que dejarían abiertos. A cambio, les entregó las recetas de pizzas y las desafió a poner su empeño en un trabajo duro, pero cercano a sus familiares y abrieron el sitio que además ayuda a recaudar dinero que se usa en las otras obras de la Fundación.

Con mis hijas solíamos ir a menudo, a pesar de la distancia. Me resultaba educativo. En primer lugar, la estética del lugar es muy llamativa. "La belleza salva al mundo", decía Dostoievski y ellos colgaron ese cartel camino a la pizzería, y así trataban de mantener el sitio, pintoresco, aseado y lindo.

En segundo lugar, era una forma de explicar a mis hijas que la fe y la vida en verdad van juntas. La pizzería estaba al lado del templo católico y del Café literario, donde solíamos entretenernos viendo álbumes de fotos de las misiones jesuíticas del Paraguay y otros libros. A menudo compartíamos en la pizzería charlas con el padre Aldo y música con la hermana Sonia, religiosa que ayuda a los pobres enfermos terminales a vivir y morir decentemente. Ella ejecuta el arpa muy bien y era un gusto escucharla hablar de sus enfermitos con ese tono de esperanza y paz que solo puede tener alguien que cree en la positividad del destino humano, más allá de las apariencias y límites.

Justo ayer el papa Francisco criticó "la doble vida" de quienes dicen: "Yo soy muy católico, voy siempre a misa, pertenezco a esta u otra asociación, pero mi vida no es cristiana, no pago justamente a mis empleados, me aprovecho de la gente, hago negocios sucios...". Creo que, en parte, estos escándalos se deben a que intentamos partir de un "deber ser", de dar una talla que no tenemos. Muchas veces falta una educación para la vida que nos permita poner en juego nuestro yo en cada relación y actividad, sin fragmentarnos. Es importante el camino de la belleza para salir del miedo y alcanzar la experiencia del bien. Sobre todo, necesitamos la compañía de amigos de verdad, para comenzar a apreciar todo lo que está dentro del templo y fuera de él, sin caer en fragmentaciones y dobleces. Ojalá la reapertura de la pizzería O sole mio sea una excusa para que mucha gente de diferentes orígenes y pensamientos compartan momentos y experiencias. Esas charlas pueden ser muy curativas y dejar huellas.