19 de agosto
Sábado
Poco nublado con tormentas
14°
30°
Domingo
Parcialmente nublado
22°
Lunes
Parcialmente nublado
10°
22°
Martes
Despejado
17°
26°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Revista Vida
lunes 13 de marzo de 2017, 12:08

Cerro Porteño: historias de entrecasa

La construcción del estadio de Cerro Porteño, que será el más moderno y de mayor capacidad en el país, tiene detrás una larga lista de negociaciones con propietarios particulares, en el afán de adquirir los terrenos para completar el proyecto. En esta nota nos enteramos de cómo algunas de esas historias se convirtieron en leyenda.
Por Carlos Darío Torres
"Si no están de acuerdo con el precio, le voy a vender el terreno a Osvaldo Domínguez Dibb", amenaza Antonio Rosendi. La directiva, encabezada por Luis Pettengill, acaba de plantearle por enésima vez la compra del terreno que posee sobre la calle Cerro León, pegado a las Graderías Sur de la Olla. No hay caso. Habrá que esperar algún cambio de humor del propietario para cumplir con el viejo sueño de cerrar el óvalo de las graderías.
Hoy, con el estadio Pablo Rojas a punto de convertirse en el más moderno y de mayor capacidad del Paraguay, aquellas negociaciones, con sus marchas y contramarchas, ya forman parte de la historia y pueden ser recordadas con una sonrisa, porque atrás quedaron los difíciles momentos en los que parecía que el proyecto del gran coliseo nunca se concretaría.
Fueron varias las administraciones que aportaron su esfuerzo para la concreción de un escenario acorde al tamaño del club y al de su numerosa hinchada. El sueño se puso en marcha cuando, durante la gestión de Pablo Rojas, en 1970, se adquirió el terreno en el que hoy está asentado el estadio que lleva su nombre.
Las sucesivas administraciones aportaron para que la construcción fuera tomando forma y tamaño, bien erigiendo de a poco las graderías o tratando de adquirir los lotes que faltaban para contar con una superficie donde pudiera erigirse el gran estadio proyectado. Las compras hechas por Pablo Rojas no habían podido incorporar a cuatro propiedades, porque sus dueños se oponían, por diversas razones, a vender sus parcelas.
Un lugar legendario
La historia conocida a nivel popular, convertida en leyenda urbana, cuenta que la superficie entre las Graderías Sur y Este era un solo terreno, cuya dueña era una anciana que no tenía interés en vender la propiedad por ninguna suma; y que no había forma de convencerla de lo contrario.
Según esa versión, el expresidente del club Olimpia, Osvaldo Domínguez Dibb, también estaba interesado en adquirir el terreno en cuestión, pero no para vendérselo al club archirrival a un precio superior, sino para construir en la propiedad una torre de departamentos, cuyos balcones se hubiesen convertido así en una platea privilegiada para ver los partidos del Ciclón de Barrio Obrero.
Pettengill se ríe cuando se le recuerda el rumor. "No es cierto. Osvaldo es un deportista y no creo que se le haya pasado por la mente hacer una maldad como esa. No pasa de ser un invento de la imaginación de la gente", afirma.
La cuestión es que no era un solo inmueble el que quería comprar Cerro, sino tres. El que se encontraba en el medio ya había sido adquirido en 1992 por la administración de Raúl Doutreleau, según recuerda Pettengill. "Pero no servía de nada si no se compraban también los terrenos pegados a las Graderías Sur y Este", añade el extitular azulgrana.
Bajo su gestión continuaron las negociaciones. Las más difíciles fueron con el dueño del inmueble vecino a la Gradería Sur. Este no quería venderlo por más de que ya no viviera en el lugar. Nunca explicó la razón de su negativa; simplemente, no quería cederle el terreno a Cerro. Y ni siquiera se oponía por ser olimpista, ya que era simpatizante de Guaraní, recuerda Pettengill.
El señor vivía en Itá y hasta allá fueron el presidente cerrista y su directiva a tratar de convencerlo. Un tasador inmobiliario había estimado que la propiedad valía en ese momento (alrededor de 2005) USD 50.000, pero la directiva había autorizado al entonces presidente de la entidad a ofrecer hasta USD 120.000 por el terreno.
"El dueño vivía en un establecimiento de unas 30 hectáreas y se dedicaba a la actividad agrícola", recuerda Pettengill. La persona padecía de una enfermedad que exigía que se sometiera a una intervención quirúrgica y estaba dispuesto a vender la propiedad. Pero no era la que interesaba a Cerro, sino la granja en donde residía.
Cuando los directivos azulgranas le hicieron conocer su oferta, más del doble del monto en el que estaba tasado el terreno, les contestó que solo se los cedería por USD 500.000 y que si no aceptaban lo que pedía, iba a ofrecérselo a Domínguez Dibb, quien estaría dispuesto a pagar hasta USD 600.000 por él.
"Estoy seguro de que Osvaldo ni estaba enterado. No pasaba de ser una forma de presionarnos y conseguir que le pagáramos lo que pedía", agrega Pettengill. Lo cierto es que la comisión directiva le había autorizado al presidente azulgrana a pagar solamente hasta los USD 120.000 mencionados. Como no hubo acuerdo, ahí quedó la intención de completar el estadio.
La rueda giró
Un par de años más tarde, Pettengill encaraba su segundo mandato. Un día apareció Rosendi y pidió entrevistarse con el titular del club. Este lo recibió y escuchó que esta vez era él quien quería vender la propiedad. Un hijo suyo debía enfrentar un juicio y necesitaba el dinero.
"Usted ya sabe cuál es nuestra oferta", le dijo Pettengill. "Pero ustedes tienen mucho dinero. Páguenme lo que pido", exigió el hombre. Pero esta vez, la posición dominante no estaba de su lado. Dijo que aceptaría recibir USD 200.000, pero tras un desgastante regateo, finalmente el precio convenido fue de USD 150.000.
Inmediatamente Pettengill se comunicó con su directiva y le planteó pagar el precio acordado, considerando que esta vez estaban dadas las condiciones para comprar, por fin, el tan anhelado terreno. Y así se concretó la adquisición.
Superado el obstáculo más difícil, solo quedaba por comprar el inmueble vecino a la Gradería Este. Ahí vivía Luisa Stella Mary Figueredo, una señora de la tercera edad, con su hermana. Tenían varias habitaciones y algunas estaban desocupadas. Pero tampoco estaba dispuesta a desprenderse de su vivienda, porque —según se enteró después Pettengill— tenía el temor de no encontrar otra casa donde morar.
Para ganarse su confianza, el club le propuso alquilar tres de sus piezas, para alojar ahí a seis jugadores de las Divisiones Formativas, venidos del interior. Con el tiempo, los azulgranas volvieron a la carga para que aceptara cederles la totalidad del inmueble.
En ese momento, la dama les manifestó su miedo de no encontrar dónde vivir si vendía su casa. "Entonces hablé con mi mamá y le dije que juntáramos el dinero para comprarle a la señora una vivienda en las cercanías y cambiársela por la suya", rememora Pettengill.
Pero la buena señora vio que podía sacar ventaja de la situación y aceptó el cambio, pero pedía también que le pagaran una elevada suma adicional. Al final recibió USD 50.000 y Pettengill pudo transferir el terreno al club y construir —uniendo todos los lotes— una gradería a la que le pusieron el nombre de su padre, Juan H. Pettengill.
Pero lo más importante es que, de una buena vez, la institución tenía ya la totalidad de la superficie disponible para la construcción del ansiado coliseo. Hoy, los nombres de todos los presidentes que sucedieron a Pablo Rojas merecen ser recordados, por sus aportes materiales y de gestión, en el gran monumento que constituye la casa del Gigante, un lugar cargado de leyendas.

Fotos: Javier Valdez

..........................................
Tiempo de contratos
Estadio cerro2.jpg
• Entre 2007 y 2009 fueron finiquitados los contratos de compraventa de los terrenos faltantes para completar la Olla.
• Antonio Horacio Rosendi Jiménez vendió su terreno el 14 de agosto de 2007.
• Luisa Stella Mary Figueredo lo hizo el 22 de marzo de 2008.
• Los herederos de Venancio Núñez Sosa y Fidelina Martínez de Núñez concretaron la venta el 29 de octubre de 2009.
• Victoria Lorenza Díaz Gayoso lo hizo el 1 de setiembre de 1992.