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Opinión
domingo 29 de mayo de 2016, 01:00

Cantar el himno no basta

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

En el colegio teníamos unas clases bautizadas pomposamente como de "ciencia y tecnología" que se desarrollaban en horas de la tarde en un taller que contaba con sofisticadas maquinarias donadas por el Gobierno japonés; maravillosos equipos que estaban allí para cuando alguna autoridad visitara el colegio y se quisiera tomar una foto. Por supuesto, nosotros ni siquiera podíamos acercarnos a ellos.

En la práctica nos limitábamos a montar unas horrendas repisas de madera que nadie sabía muy bien para qué servían. Según mi padre ardían con facilidad y le daban un sabor especial al asado.

Lo cierto es que para armar esas repisas íbamos al colegio vestidos con gruesos guardapolvos de color oscuro diseñados para soportar los rigores del trabajo en un taller, pero absolutamente divorciados de la realidad subtropical paraguaya.

Así, dos veces a la semana, el sol asesino de la una de la tarde nos pillaba haciendo filas en el patio, con cara de digestión en curso y sudando impúdicamente bajo aquella escafandra de mangas cortas. Y estando parados allí, con la cabeza ardiendo y los jugos gástricos en ebullición, la directora nos imponía la entonación del himno nacional, como ritual imprescindible para insuflar en nuestras ardidas y somnolientas mentes una clara noción de patriotismo.

Era inevitable que un sentimiento de culpa nos embargara porque lejos de la pasión arrebatada que impulsó a nuestros próceres a buscar la independencia o de la bizarría de los soldados que defendieron el Chaco, lo único que queríamos en ese momento era que la canción terminara lo antes posible.

Desconozco los estudios pedagógicos que demuestran que estas prácticas reportan un incremento en los niveles de patriotismo en los estudiantes, puede que sea así. En nuestro caso, el experimento resultó algo distinto. Se creó casi un reflejo condicionado; escuchábamos la música y empezábamos a sudar.

Recuerdo la anécdota solo para aterrizar el tema en el mundo real. El himno nacional, al igual que la bandera, es un símbolo patrio, una representación física (en este caso sonora) de la patria. Algunos gustan de relacionar a la patria con la madre. Siguiendo esa relación de conceptos, tener una bandera sería como contar con una foto de la madre.

De acuerdo con la misma lógica, si yo quisiera insuflar en los niños un profundo amor a la madre no tendría mucho sentido que les obligara a venerar su foto cuando saben que la tengo a ella abandonada en un hospicio mientras saqueo su patrimonio y condeno a sus hijos a la mendicidad.

No es que los niños hayan perdido la noción de patriotismo porque dejaron de cantar el himno, es la sociedad la que olvidó el concepto mismo de patria y hoy pretende que sus vástagos lo encuentren mágicamente en la letra de una canción.

No es tan fácil, no nos engañemos, cantar el himno no basta. Ellos saben lo que le hicimos a la patria.