¿Qué diferencias hay entre el asesor (¿?) de la Entidad Binacional Yacyretá, Luis Canillas, y el hurrero (adulador) que se hace llamar el padrillo republicano, exaltador de las bondades del gobierno de Cartes y del candidato de este para la presidencia, Santiago Peña?
En rápido ejercicio de búsqueda resaltan solo dos a tres diferencias: el primero percibe más de 100 millones de guaraníes al mes como asesor en la Entidad Binacional Yacyretá. Cuenta con una reciente condecoración del presidente Cartes con la medalla de honor al mérito de la Policía Nacional, por su servicio sobresaliente a la institución policial, en su calidad de nexo entre Yacyretá y la Policía Nacional. Ah, y forma parte del Gabinete real y primer anillo del presidente de la República. El hurrero no reúne nada de esto.
Ambos sí tienen en común la actitud adulona, el puesto laboral y, muy particularmente, el lenguaje ordinario y la actitud misógina y machismo primitivo a la hora de pretender cuestionar la figura de la senadora Desirée Masi, según sendos videos grabados por ellos para ponerse bien con el jefe que tienen en común.
Ahora bien, lo que expresa el hurrero no tiene la misma relevancia de lo que manifiesta un personaje del entorno del jefe de Estado, sobre quien quedó ampliamente demostrado durante los hechos del 31 de marzo y el 1 de abril último, a la hora de impartirse las órdenes, está por encima del comandante de la Policía Nacional. Con todo esto, el hombre no se siente en condiciones de afrontar a alguien que parece concentrar su odio en estos momentos: la senadora Masi, y manifestarle de frente lo que piensa.
En un video que conocimos ayer, viralizado quien sabe con qué intenciones, Canillas se sacude de un corpóreo de la figura de la senadora Masi, colocado a sus espaldas, y se queja porque dice que “la hija de puta le persigue”. Completa su lamentable representación en tono beodo con un “vieja de mierda”.
Un Canillas eufórico y envalentonado con quién sabe cuántas copas encima, embriagado de odio, piensa que está siendo gracioso, porque hay un coro de machos que lo alientan para que siga con sus diatribas en contra de Marito y Efraín Alegre. La actitud y el lenguaje de Canillas forman una caricatura que resume el machismo, la intolerancia y un endémico autoritarismo que caracteriza a este sector encabezado por Cartes, aupado por la Asociación Nacional Republicana.
Lo preocupante es que todavía hay un amplio sector de la sociedad que está de acuerdo con ellos. Personas que aplauden y no ven la ofensa que encierra llamar potranca a la mujer o utilizar expresiones como hijo de puta al denostar contra el o la contrincante político/a. Canillas es la triste constatación de lo mucho que nos falta avanzar para reducir la mentalidad y conductas fascistas y alcanzar una sociedad democrática.