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Mundo
jueves 13 de abril de 2017, 10:54

Campo y ciudad se integran en la fiesta criolla más tradicional de Uruguay

Montevideo, 13 abr (EFE).- Entre el olor al tradicional asado de mediodía y los colores llamativos de la vestimenta gaucha, las miradas de los del campo, con sus pañuelos al cuello, y los de la ciudad, haciendo fotos con sus móviles, se integran en la tradicional Semana Criolla de Uruguay.

No es casual que para esta nueva fiesta de tradiciones la Intendencia de Montevideo (IM) -encargada de organizar el evento- haya escogido el lema "Campo y ciudad se encuentran", porque a medida que se recorre el festival se puede escuchar tanto el hablar pausado del campo tanto como las voces de los citadinos y alguna otra lengua en la boca de un turista.

Este es, además, un lugar de encuentro de lo moderno con lo antiguo, porque en la Rural del Prado, donde tiene lugar el festival, parte de la historia de las tradiciones gauchas se exhibe junto a unos ranchos (casas de adobe con techo de paja a dos aguas) construidos para la ocasión.

Dentro de los ranchos, a través de fotos con leyendas, el visitante aprende la historia de un personaje histórico: Martín Aquino, el primer matrero del país.

La matrería consistía en cometer delitos y esconderse en el campo para escapar de las autoridades, actividad común en el contexto rural de Uruguay a finales del siglo XIX y principios del XX.

"Él no quería ir preso, fue preso una vez y después dijo que nunca más porque se defendía por las cosas que para él estaban bien", explicó Alexander Techera, miembro de la aparcería encargada de montar la exposición sobre Aquino con motivo de los 100 años de su muerte.

"Siempre dijo que una bala en su revólver se la iba a cargar para él y así fue que en los pagos (tierras) nuestros un día de marzo de 1917 fue rodeado por una partida de 16 policías y se quitó la vida", apuntó Techera.

Junto a la muestra histórica, los visitantes, niños y adultos, se acercan para la peña que comienza en torno al fuego en que se cocina la carne del tradicional asado uruguayo; y frente a la parrilla humeante un personaje típico, el "payador", divierte al público con su canto acompañado de guitarra.

"Yo me enamoro de a ratos y de a ratos me olvidaron; la sangre me marca el pulso, el pulso marca el afán; yo canto para que el canto me acompañe en el cantar", expresa el cantor sobre un ritmo folclórico.

Una serie de situaciones como esa, en que la música y las costumbres se funden entre los distintos puestos de venta y exhibición del festival, se suceden en otros rincones del recinto, donde la gastronomía y las artesanías se constituyen como puntos destacados.

En la plaza de comidas del festival se puede encontrar gastronomía típica criolla del país, donde la carne vacuna a la parrilla se destaca sobre otros platos, así como los dulces y mermeladas de elaboración casera que se ofrece en distintos locales.

Las "guasquerías" o locales de venta de prendas de vestir y accesorios de cuero hechas por artesanos nacionales también tienen su espacio entre otros puestos de artesanos donde se hacen caricaturas y dibujos o se venden piezas artísticas en madera con temática criolla.

Sin embargo, el evento, que se renueva cada día de la semana con nuevos espectáculos musicales en sus cuatro escenarios, tiene como foco central a las jineteadas a caballo, una competencia de alto nivel que reúne a los mejores en esa actividad, considerada deporte.

El cuidado de los animales a través de mejores prácticas a la hora de competir fue una de las novedades anunciadas para este año, en particular a través de la reducción de jineteadas por equino y la implementación de espuelas no cortantes.

Al respecto, el jinete Víctor Rodríguez señaló que el cambio está "muy bien" ya que se busca un mayor respeto al animal, si bien los domadores aún se están acostumbrando a las nuevas espuelas.

"Siempre tratan de mejorar todo, el cuidado de los caballos, las mangas, ha mejorado mucha cosa, año a año creo que la gente viene regresando bien y siempre encuentras una novedad, algo nuevo que mejora", indicó Rodríguez.

Sin embargo, el jinete afirmó que la tradición sigue siendo esencial para el deporte.

"Poder llegar acá al Prado es un honor grandísimo, una emoción. Hay muchos jinetes buenos que no vienen, no llegan a acá y tienen la esperanza de llegar", destacó.

Alejandro Prieto