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lunes 8 de agosto de 2016, 01:00

“Cada tanto miro el techo de la clase”, afirma alumna, a un año del derrumbe

El 30 de setiembre del 2015 cayó el techo del noveno grado del Colegio Nacional de Lambaré, dejando una decena de heridos. El trauma físico y sicológico permanece, según confirmaron en la institución educativa

Dolores en el hombro, el pecho y la cabeza, dificultad de la visión y problemas al caminar son algunas de las secuelas físicas que todavía presentan los alumnos víctimas del derrumbe de un aula en el Colegio Nacional de Lambaré (CNL), ocurrido el 30 de setiembre del año pasado.

Aquel suceso de primavera sacudió al país y la ciudadanía se manifestó exigiendo soluciones y justicia para los responsables de la caída del salón de clases, producto de una obra nueva y presuntamente sobrefacturada con recursos del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide).

Pero las tejas y vigas de salas de clase en escuelas y colegios siguen viniéndose abajo. En lo que va del año, se reportaron al menos cinco casos similares, uno de los cuales dejó igualmente a escolares heridos y a la espera de una operación, como es el caso de la escuela Virginia Ayala de González, de la compañía Tape Guasu de Piribebuy.

DESIDIA. Joel López, padre de uno de los alumnos afectados del derrumbe en el colegio de Lambaré, dice sentirse totalmente abandonado por las autoridades del Municipio local y del MEC.

"Mi hija sufre todavía las secuelas, tiene dolores de cabeza frecuentes; le duelen el pecho y el hombro", cuenta, recordando que la joven sufrió un corte de 13 centímetros en la cabeza a raíz del derrumbe.

El padre aseguró que al principio de aquel incidente todos se acercaron. "El después lo que cuesta porque ya nadie te acompaña, como pasa ahora, hay una dejadez del MEC y de otras autoridades", aseguró.

Una de las estudiantes comenta a Última Hora que todavía tiene miedo cuando ingresa a clases. "Cada tanto miro el techo de la clase y en algunas materias bajé mis notas", lamenta.

La orientadora de la institución educativa, Lidia Mendieta, reconoció que las secuelas del incidente permanecen en los alumnos.

Sin embargo, aseguró que desde el Ministerio se preocupan por la situación de 10 de los 11 heridos (uno se trasladó de centro educativo).

"Muchas veces es la familia la que no acompaña a los chicos a consultar con sicólogos o médicos, hay una lista disponible de especialistas para ello", aseveró.