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Mundo
sábado 12 de noviembre de 2016, 10:39

Biólogos piden socorro por los caimanes vecinos al Parque Olímpico de Río

Río de Janeiro, 12 nov (EFE).- Los caimanes que viven en las lagunas de la zona oeste de Río de Janeiro y que bañan parte del Parque Olímpico de esta ciudad brasileña corren serios riesgos por la contaminación, el crecimiento inmobiliario y hasta la caza, alertaron hoy a Efe diferentes biólogos que trabajan en la región.

El pedido de socorro por los yacarés del complejo de lagunas de Jacarepaguá fue lanzado por los ambientalistas ante el hallazgo en los últimos cuatro días de al menos cinco caimanes muertos por causas desconocidas.

"Es un número muy alto para tan pocos días. Trabajo hace más de 15 años estudiando los caimanes de Jacarepaguá y no había visto algo parecido", dijo a Efe el biólogo Ricardo Freitas, coordinador y fundador del Instituto Yacaré y uno de los mayores especialistas en cocodrilianos en Brasil, especialmente los de la especie "yacaré de papo amarelo", los más comunes en Río de Janeiro.

Según Freitas, es normal que aparezcan caimanes muertos ocasionalmente pero no en un número tal elevado y tan a la vista, lo que indica que puede haber otros en áreas de menos acceso.

"La causa de esas muertes es una incógnita pero las hipótesis más probables es que sea por la contaminación de un nuevo agente lanzado en esas aguas, por veneno lanzado junto con alimentos, por una enfermedad provocada por el alto grado de contaminación de las lagunas, por ingestión de residuos o hasta por cazadores", dijo por su parte el biólogo Mario Moscatelli, un reconocido militante en la defensa de la preservación de las lagunas de Jacarepaguá.

Freitas asegura que, pese a la contaminación y el avance inmobiliario, entre 6.000 y 8.000 caimanes aún viven en las contaminadas lagunas de Tijuca, Marapendí, Jacarepaguá y Camorim y en los canales que las comunican entre sí y con el mar.

Las lagunas están localizadas en la región que más ha crecido en Río de Janeiro en los últimos 15 años y cuya población, actualmente de unas 400.000 personas, tiende a multiplicarse por las inversiones que la zona recibió en infraestructura, medios de transporte, saneamiento y turismo por la construcción del complejo deportivo en el que se disputaron los Juegos Olímpicos de agosto pasado.

Además del crecimiento inmobiliario, que arrincona a los yacarés en las pocas áreas aún preservadas, el mayor riesgo es la contaminación, ya que numerosos condominios lanzan sus aguas negras en las lagunas, algo que Río de Janeiro prometió corregir cuando fue elegida sede olímpica pero que finalmente no cumplió.

Freitas dice que los habitantes de la región corren riesgo muy bajo de ser atacados por los yacarés, algo hasta ahora no registrado, pero los animales sí corren serio riesgo de extinción.

El primero en alertar sobre el aumento de los casos de yacarés muertos fue el ambientalista y biólogo Antonio Mello, coordinador del Movimiento de Descontaminación del Canal de las Taxas (un canal que une dos parques naturales en Jacarepaguá) y quien se estableció en una isla de la región hace varios años.

"El miércoles estábamos observando un área del canal en que están arrojando aguas negras cuando encontramos un caimán muerto que era devorado por buitres. Al día siguiente un funcionario del Parque de Marapendí me relató que los fiscales habían encontrado otros tres. Y el viernes, al tomar conocimiento de un nuevo caso, fui al parque para documentar la situación y hacer un vídeo", dijo Mello a Efe.

De acuerdo con el biólogo, hasta ahora ningún órgano gubernamental se ha pronunciado sobre el asunto ni ha retirado los cuerpos o intentado recoger muestras de los animales para investigar las causas de las muertes.

Freitas dijo que no puede recoger muestras de los animales muertos debido a que la dirección del Parque Marapendí le suspendió la licencia por divergencias personales y que, pese a contar con autorización del Instituto Brasileño de Medio Ambiente, no le permiten hacer investigaciones en reservas pertenecientes al municipio de Río de Janeiro.

"Hay que capturar los animales para tomarles muestras, investigar lo que está pasando y evitar otras muestras, pero al menos yo no puedo hacerlo y las autoridades son omisas", afirmó.

Según el biólogo, los caimanes de la región se reproducen cada vez menos y están amenazados a la extinción.

Otra amenaza es la presencia de cazadores que, por deporte o para vender las carnes y las pieles, persiguen en las lagunas de Jacarepaguá tanto a los caimanes como a los chigüiros.

Según Mello, durante los Juegos Olímpicos la Policía Ambiental intensificó su presencia en la región pero después no volvió.

Carlos A. Moreno